domingo, 15 de mayo de 2011

EL TERREMOTO DE LORCA - 1ª parte.

Cuando las desgracias están muy lejanas, aún cuando nos duelan por empatía o simple humanidad, las vivimos como un sueño televisado, desde el cómodo sillón del salón y en panorámica de cuarenta y dos pulgadas. Es cuando se aproximan amenazantes y los gritos nos llegan en vivo y en directo, que nuestros corazones alcanza el grado de máxima sensibilización y nuestra voluntad se ve impulsada hacia la necesidad ajena, sin adornos mediáticos ni exhibiciones fotográficas.
El terremoto de Lorca ha puesto a temblar nuestros pies. Un radio de setenta kilómetros, alrededor del epicentro, se ha visto sacudido por el impacto, como una ola concéntrica. Mi propia hermana, Mari Carmen, profesora de música en Lorca, estaba en ese momento dando clase a sus alumnos. Al temblor- me cuenta ella-, todos los niños acudieron rápidamente a agarrarse a la profe, asustados y confundidos por lo que pasaba y a lo que no estaban, de ninguna manera, acostumbrados.
- Me sobrevino una paz especial, espiritual -sigue explicando-, que me ayudó a calmar a los niños y sacarlos ordenadamente del aula hasta el patio, como hicieron los demás profesores. Algunos de mis alumnos preguntaban si aquello era un simulacro, a lo que tuve que explicarles que no. Muchos de ellos reclamaban a sus mamás. Yo les dije que esperaríamos en el patio, a la interperie, hasta que sus madres llegasen y que no se preocuparan porque estaríamos bien.
Un sobrino político mío, Manolo, estaba en ese momento en otro pueblo del mismo área, enfrascado en la instalación de una depuradora -que es su oficio- en el sótano de un supermercado. A la sacudida, el suelo se dobló y enseguida captó de lo que se trataba. Intentó salir al exterior, cuando se apagó la luz. Entonces se dio cuenta de que la puerta, de apertura eléctrica, estaba bloqueada por falta de corriente. Para colmo, el móvil tampoco disponía de cobertura, por lo que se vio en un verdadero apuro.
Que vivimos en un mundo frágil no debería sonarnos a nuevo a estas alturas. El asunto de los terremotos, algunos con tsunamis incluidos, está trágicamente a la orden del día. Se dice que los japoneses están tan habituados al tema que apenas reaccionan frente a temblores que a nosotros nos darían un susto de muerte. No faltan quienes conectan la proliferación de estas sacudidas, como digo, cada vez más frecuentes, al cambio climático o a los experimentos llevados a cabo desde los centros HAARP. En cuyo caso -y no sería nada extraño, conociendo la naturaleza humana y los intereses creados en las círculos de poder-, la acción del hombre estaría como factor condicionante de esos desastres.
Es muy cierto que siempre ha habido terremotos, así como tormentas destructivas, sobre todo en ciertas regiones del mundo, más sensibles a esos fenómenos. Si el ser humano, como parece ser, ha encontrado la herramienta de manipulación de dichos fenómenos atmosféricos, así como la posibilidad de presionar las capas terrestres con ondas electromagnéticas -millones de watios enviados a la ionosfera para provocar un rebote que apunte en un dirección en particular de la corteza terrestre; de eso se trata el proyecto HAARP -, no sería de extrañar el exagerado aumento de esas tormentas y sacudidas alrededor del globo.
Al ser humano le encanta jugar a ser Dios. Cuanto más poder se le conceda, mayor control querrá tener sobre el medio y sobre los demás seres humanos. Eliminar la competencia y cualquier temor de ser reducidos por otros, le dará justificación suficiente para experimentar y provocar desastres, si es necesario. Hiroshima y Nagasaki han quedado en la Historia como un buen ejemplo de esto mismo. Si ya cuentan , desde hace varias décadas, con esa tecnología, no sería de extrañar que su manipulación apuntase al control de los elementos y de las naciones.
De una u otra forma, Dios ya lo había revelado en la profecía bíblica. Antes de la segunda venida de Cristo, y de la llegada del reino de Dios a la Tierra, ésta se vería sacudida por enormes tragedias. Ahí tenemos el libro de Apocalipsis para informarnos. Te invito a leerlo. No puedo menos que aconsejarte mi libro AL FINAL DE LOS TIEMPOS, como herramienta de ayuda en dicho estudio. Por supuesto hay muchos más y, como se dice, cuanto más mejor...porque el saber no ocupa lugar.
Cuando Dios y el hombre se unen en espíritu y propósito, la Tierra es bendecida con paz y justicia, con progreso y remedio para todos los males. Por el contrario, cuando la unión se da entre el ser humano y Satanás, la destrucción acecha y la ira se apodera del mundo y sus habitantes. Tarde o temprano nos veremos forzados a escoger. Yo ya he elegido seguir a Cristo y publicar la Palabra de Dios como verdadera respuesta a la necesidad humana.

domingo, 1 de mayo de 2011

ADIOS A UN PROFETA

El miércoles de esta semana nos ha dejado David Wilkerson, un hombre de Dios, mundiálmente conocido y reconocido, dedicado a extender el evangelio, y un portavoz de verdades no precisamente cómodas entre las organizaciones religiosas. Se ha ido de forma súbita, en un accidente de tráfico, de los tantos que hay a lo largo y ancho de este mundo y que siegan vidas sin cesar, como un tributo sangriento a nuestra civilización, si podemos llamarla así. Tenía 79 años y conducía en una de esas carreteras de Texas, como las que vemos en las películas, en el corazón de la América profunda, a la que él ha estado advirtiendo durante tantos años sobre las muchas desgracias que la amenazan. Por cierto, en su libro La visión, Wilkerson avisaba de las múltiples catástrofes que la Tierra experimentaría en estos años, entre las cuales figuran los grandes tornados que asolarían buena parte del territorio USA. David se ha marchado, precisamente, en una semana trágica para su país, tal como él profetizaba, en la que los tornados se han cobrado más de trescientas víctimas y han causado una enorme desolación.

Si aún no has leído La visión, te aconsejo que la leas lo antes posible. Está accesible en internet, como tantas otras cosas, de las buenas que se pueden descubrir en la red. No vas a encontrar en el libro un programa exacto y detallado de los sucesos que la Biblia predice para los últimos tiempos, pero sí un recordatorio exhaustivo de los acontecimientos que nuestra generación está experimentando: la crisis económica, los desastres naturales, etc. Y, desde luego, desde una perspectiva sobrenatural, en esa visión que él recibió allá en 1973. Por cierto, en el segundo capítulo se predice una cadena de terremotos en EEUU sin precedentes, a continuación de otro seísmo en Japón. Este último ya lo hemos visto. ¿Quién sabe? Quizá Dios le estaba librando de pasar por un dolor inmenso, observando las desgracias predichas o vistas por él, a su edad.

Uno, a veces, no puede evitar preguntarse por qué Dios permite que las personas así desaparezcan de forma tan repentina. ¿Será que algunas de esas cosas son permitidas como respuesta a las propias oraciones de las víctimas? No estoy diciendo que éste sea el caso, pero me puedo imaginar a Dios escuchando el corazón de los que prefieren partir de este mundo de forma repentina y sin el largo proceso, a menudo doloroso, de una enfermedad degenerativa. Aún así, el verdugo de nuestra civilización, armado de accidentes de todo tipo y de enfermedades directamente relacionadas con un estilo de vida erróneo - estrés, adicciones, velocidad, sedentarismo, etc. - no queda impune, aunque parezca hacer solamente su trabajo, pagado por las manos ocultas en la sombra de los que manejan los hilos de nuestra mal llamada civilización; una civilización que es más un negocio lucrativo para algunos que un estilo de vida válido para la mayoría.

Sea como sea, no quería dejar pasar la ocasión para darle un tributo merecido a la persona y figura de David Wilkerson, un profeta de nuestro tiempo. Por supuesto, en el libro mencionado, él da su opinión sobre algunas cosas en las que no todos estamos de acuerdo. Yo mismo escribí mi libro Al final de los tiempos, para tratar de poner algo de orden necesario en el conjunto de las profecías relativas al tiempo del fin, tal y como la Biblia predice, y de aportar algo más de luz en los temas claves de dichas predicciones. Ya hay demasiada confusión e imaginación sin fundamento, en lo que se publica, ya sea en el cine o en los muchos libros sobre profecía en el mercado. David Wilkerson vio cómo se agolpaban esos sucesos sobre la humanidad y quiso dejar constancia. Nos conviene aprovechar su contenido y leer lo escrito, aunque solamente sea para honrar a alguien que vio el futuro y que fue lo suficientemente valiente como para dejarlo relatado en ese libro.