martes, 17 de abril de 2012

LOS ERRORES DE LA CASA REAL

En los últimos meses parece que haya habido una concentración de intereses alrededor de la institución monárquica, con la intención de hacerles tropezar en algún error y de exponerles. Dichos intereses, a los que me refiero, no necesariamente son poderes terrenales o manos negras movidas por entes antimonárquicos. Pueden ser sencilla y llanamente cosas que pasan. Y nos pasan a todos. Quiero decir que todos erramos y que tarde o temprano somos sorprendidos en alguna de nuestras faltas o delitos. El problema no solamente está en el delito en sí, sino a quién le pasa o quién lo comete. Porque las mismas cosas le están ocurriendo a muchas otras personas, pero no con la misma repercusión. Lo que presuntamente hizo Urdangarín, por lo que se le está investigando, lo vienen haciendo miles de delincuentes económicos que traen a Hacienda de cabeza, pero pocos afloran a los medios ni ocupan las primeras páginas como le ha ocurrido al yerno del rey.

Después , recientemente, vino lo del disparo accidental del nieto del monarca, un jovencito de trece años al que la ley ilegitima para portar o manejar un arma, de caza en este caso. Estoy convencido de que este chico no es el primero ni, seguramente, el último al que le ha pasado algo así. Pero es el nieto mayor del rey. Ahora, el propio monarca sufre un desafortunado accidente de salud en una supuesta caza de elefantes. Y en plena crisis económica, nadie entiende que el rey de un país que está sufriendo los zarpazos de ese otro animal, devorador de puestos de trabajo y de futuros, se vaya a una costosa cacería, en contra de toda sensibilidad. De nuevo, los cazadores de safaris programados son miles al año, pero estamos hablando del propio rey.

Los que no están de acuerdo con la institución de la monarquía, lo tienen más fácil y más claro para vocear sus argumentos, conscientes de que ahora cuentan con una audiencia mucho más numerosa. La propia casa real, inconscientes de tales resultados, se lo están facilitando al no ver más allá o no contar con el precio a pagar por sus errores. Esto mismo le ocurre a muchas instituciones más, no solamente a la monárquica. El mundo se asemeja mucho a la selva. El animal debilitado y herido tiene muy pocas posibilidades de sobrevivir. Sobre todo si se encuentra aislado e incapaz de seguir el ritmo de la manada. Los depredadores se encargarán de su desaparición, tan pronto como se percaten de su estado.

Estoy completamente convencido de que en estos momentos tanto el rey como toda la casa real están haciendo balance de sus errores y tomando buena nota. Como el resto de los mortales, ellos están también en la escuela de la vida. Aprendemos de los errores, siempre que éstos no sean fatales. Ya no estamos en el absolutismo y la monarquía sabe que un día la Constitución española podría ser modificada y dejarles fuera. No sería la primera vez. Por tanto, si quieren sobrevivir a esta cadena de tropiezos, tendrán que aplicarse y aprender rápidamente. Y, desde luego, convencer a la manada de que les esperen y traten de ser comprensivos con sus debilidades. Al fin y al cabo, reyes o ciudadanos de a pie, todos somos humanos y cometemos muchos errores a lo largo de nuestra trayectoria. Los que, sin duda, son más difíciles de convencer son los oponentes a tal institución, que más que nunca están cargados de razón al exponer sus razones por las que no deberíamos tener un estado monárquico.

Como cristiano, intento verlo con ojos trascendentales. Sinceramente, me da igual si el país se rige por un régimen u otro. Respeto la democracia y me sujeto al voto de la mayoría. Lo que realmente me importa es lo que yo pueda aprender de todo ello. Porque , como hijo de Dios, también me considero parte de Su familia. Sé que a muchos no les gustaría ser regidos por Dios y llevan siglos intentando sacarlo de Su propia creación, como si pudieran. Son enemigos declarados de vivir bajo Sus principios y Leyes y de tener que darle cuentas de lo que hicieron con sus vidas. Por eso, prefieren creer que no existe, o que no creó el universo y toda forma de vida. Han dado una explicación, supuestamente científica, en la que Dios desaparece, como si al sacarle de sus libros pudieran borrarle del mapa. Por eso, los que sabemos que Él es más real que nosotros mismos, tenemos el deber de mirar con mucho cuidado por donde pisamos y cual pueda ser el resultado de nuestra conducta.

Durante siglos, la institución católica estuvo abanderando su realeza sobrenatural y sus derechos adquiridos para representar el reino de Dios en esta Tierra. De lo que al parecer no fueron muy conscientes fue de que sus garrafales errores les iban a pasar factura, no solamente delante de Dios, a quien decían obedecer, sino de los hombres, muchas veces víctimas de sus locuras. El Vaticano, no hace tanto, ha pedido perdón por sus errores históricos, pero aún tiene que sufrir las terribles vergüenzas de cuanto siguen abusando de su posición, estando bajo su amparo, y comente atrocidades como el abuso sexual o el tráfico de niños. Es incluso probable que el enfriamiento espiritual de Europa se deba a ese pasado.

Esos mismos errores nos podrían suceder a todos si no aprendemos de ello. De hecho, le está ocurriendo al mundo evangélico, que también sufre de debilidades y de abusos de poder por parte de ciertas autoridades supuestamente espirituales. Se dice que es inteligente aprender de los propios fallos, pero que aún es más inteligente aprender de los ajenos. Y es cierto. Tomo nota de todo eso. Quiero contribuir a la honra de la Casa a la que pertenezco como creyente e hijo de Dios. Por tanto mido bien mis pasos y lo pienso antes de actuar. Cuando cometo errores, sé que tengo que enmendarlos lo antes posible. No quiero darles a mis enemigos munición con la que dispararme. Ya se han fabricado ellos mismos de sobra. Solamente esperan que me sitúe a tiro, que me debilite y caiga en las muchas trampas de este mundo salvaje. Con razón nos dice la Escritura que la santidad conviene a esta Casa. Y la continua disposición al arrepentimiento y a la corrección de rumbo, cada vez que perdemos las coordenadas de la Palabra de Dios y de Su amor.

Por eso, aunque no soy monárquico ni republicano, tomo buena nota de los errores de unos y de otros, por si yo mismo los estuviera cometiendo. Quiero aprender de ello y servir a la causa del Evangelio de forma que Dios pueda ser honrado y Su reino respetado. Y soy consciente de que aún estoy aprendiendo.

sábado, 7 de abril de 2012

EL ENGAÑO DEL PODER

Ahora que medio mundo está sumido en una inmensa crisis económica -el otro medio ya lo estaba antes-, de la que nadie sabe cómo salir realmente, es cuando podemos ver con mayor claridad el calibre de nuestros dirigentes políticos. No me refiero solamente a los españoles, sino al conjunto. La enorme falta de sabiduría de éstos y la ceguera de querer deslumbrar a sus respectivos votantes con los niveles de desarrollo a los que, pretendidamente, eran capaces de llegar, ha llevado al mundo al borde del colapso. Es casi inimaginable cómo se han podido endeudar, sin excepción, hasta el punto de entrar en bancarrota práctica. Una enorme pifia y una profunda revelación del carácter voluble y de la falta total de integridad en los dirigentes.

La Biblia nos enseña a guardar en tiempos de abundancia para los de escasez y necesidad. Pero estos gobernantes han caído, en masa, en lo que el apóstol Pablo denominaba el engaño de las riquezas. Este engaño, por cierto, consiste en creer -¡mira si podemos ser pardillos!-, que tenemos la capacidad de convertir este mundo en un paraíso permanente. Que las cosas pueden quedarse establecidas y aseguradas perpetuamente para que no fracasen. Así, con esta mentalidad, cuanto más dinero les entraba, más aceptaban como real el espejismo de ver el horizonte del futuro como ese paraíso soñado. Gastar sin control hasta conseguirlo parecía lo normal, sin importar las consecuencias, o, mejor dicho, sin considerar el posible fracaso de un gasto indefinido. Y aquí viene otro de los problemas: la ingenuidad de no haberse dado cuenta aún de en qué mundo vivimos, por una parte, o la sinvergonzonería, por otra, de saberlo y querer aprovecharse del cargo mientras dure. Ninguna de esas posturas debería jamás ocupar la mente de nuestros líderes políticos.

Algunos de esos políticos son, supuestamente, de tendencia o inspiración cristianas. Seguramente de los que piensan que el reino de Dios literal ya está aquí, que estamos en el Milenio prometido en las Escrituras. Y que ahora le corresponde a la Iglesia tomar los reinos de este mundo. La Católica tiene ya una larga experiencia en ese tipo de pensamiento. No ha cesado de ejercer sus mecanismos de control e influencia para posicionarse entre las naciones como cabeza. Su líder tiene rango de jefe de estado y los demás dirigentes se inclinan ante él. Para éstos cabecillas religiosos la segunda venida de Cristo será la cima de su escalada de poder. Simplemente vendrá a recoger el cetro que ya ellos habrán obtenido.

Aquellos políticos desprendidos y presuntamente cristianos, deberían saber que el mundo entero -de acuerdo con la Palabra de Dios-, está bajo el maligno, es decir, Satanás. Como éste le decía a Jesús en el desierto, todos los reinos del mundo le han sido entregados y él se los da a quien quiere. Eso significa: a los que estén dispuestos a adorarle y ser sus colaboradores, que es lo que Satanás pretendía que Jesús hiciese. Si los líderes bienintencionados pasan esto por alto, se van a topar, tarde o temprano, con una terrible decepción. Hay demasiada gente dispuesta a venderle su alma al diablo a cambio de saborear las mieles del poder y asegurarse una estancia en la Tierra de lo más próspera. Por ello, otros políticos están descaradamente del lado oscuro. Son estrechos colaboradores del egoísmo que impera. Buscan los votos del pueblo sin reparo alguno, mintiendo sin el más mínimo rubor. Se aprovecharán de cada oportunidad de enriquecerse, porque su único objetivo y motivación verdaderos son ellos mismos, su supervivencia y su posición. Jamás entenderán estos que el que quiera salvar su vida la perderá y que el que la pierda por causa del evangelio, la salvará. La ceguera a la que Satanás les tiene sometidos, por causa de ese egocentrismo recalcitrante, no les permite valorar lo que no sea dinero y poder adquisitivo. Y lo realmente trágico, es que el mundo está en sus manos. No nos debemos extrañar, pues, que vayamos tan mal y a peor.

No pretendo decir que todos y cada uno de los que se mueven en la política sean tan nefastos ni tan malintencionados. Lo que sí digo es que una vez que te acerques al poder, vengas de donde vengas, vas a tener que enfrentarte a la tentación del enemigo de nuestra alma y de nuestro bienestar, quien querrá comprarte a cambio de una parcela de poder en este mundo. Al parecer no es difícil sucumbir a la tentación. Se requiere una integridad a prueba de bombas para mantenerse firmes y fieles a los principios del evangelio. Las iglesias tradicionales y apegadas a los poderes temporales por tanto tiempo saben de que estoy hablando. Han fracasado muchas veces cambiando la Palabra de Dios por influencia y anulando todo papel profético en medio de nuestra sociedad. Como resultado, muchos de ellos ya ni creen en la Biblia como autoridad o revelación suprema. Estarían demasiado avergonzados si lo creyesen. Prefieren relegarla a un conjunto de normativas bastante antiguas, a las que se les puede añadir o quitar según convenga.

Así, con tanta transgresión de por medio, este mundo se está preparando para recibir al máximo líder del engaño, que será Satanás en la figura del Anticristo. Ya el profeta Daniel había visto que cuando los transgresores llegaran al colmo, se levantaría un rey altivo y entendido en secretos, refiriéndose al mismo Anticristo. Por supuesto, este querrá aniquilar a quienes se le opongan. No dudes que la Iglesia será puesta a prueba en ese tiempo, quizá no tan lejano. Antes de darnos la máxima autoridad al lado de Su Hijo, Dios revelará a través de las pruebas, quienes son suficientemente íntegros para participar de una posición tan elevada. La experiencia de Satanás, quien había estado junto a Su trono, pero no que pudo resistirse a la tentación de poder, aun oponiéndose al mismo Dios -de ahí le viene el nombre, ya que Satanás significa "el que se opone"-, es ya suficientemente triste y trágica como para seguir repitiéndola. Dios probará a los suyos. De hecho nos está probando a través de nuestras circunstancias y dificultades. Solamente aquellos que están determinados a confiar en Él plenamente, negándose a sí mismos, pasarán con éxito. El banco de los fracasados está lleno y no solo de políticos.