viernes, 15 de junio de 2012
LA QUE SE NOS VIENE ENCIMA
Permitidme ponerme a pensar y hacer un análisis de la situación socio-económica a la que estos que mandan nos han llevado a la mayoría de los mortales, en estas latitudes que llamamos la civilización occidental. Digo a la occidental porque es la que nos toca más de cerca. Los del sur ya hace tiempo que los tienen afixiados. A los orientales los están occidentalizando, al menos lo suficiente como para que entren en la misma cesta del Gobierno Mundial cada vez menos futuro.
La cosa es que ahora toca preparar a esta sociedad para que trague lo que de otra manera resultaría inadmisible. Me refiero al control total y absoluto del poder económico. Hasta ahora, la historia de la humanidad ha ido paralela a la del dinero. Quien controlaba la riqueza, manejaba la economía y su representante, don Dinero. En realidad este ha sido el amo y el dios de las civilizaciones. Todos le han servido y le siguen sirviendo. Sus grandes templos, tal y como se aprecian en las mayores ciudades -y no hay ninguna que no haya levantado grandes edificios al dios Mamón, que es como la Biblia llama a ese ídolo-, atraen por miles a ciudadanos de toda clase y nivel, llamados a traficar con la sangre en forma de papel verde -o cualquier otro color-, resultado del esfuerzo de los mismos de siempre. Por eso, si falta liquidez, que es otra forma de llamar a esa sangre, los bancos ponen el grito en el cielo, cierran el grifo -del que por cierto han estado mamando grandes biberones en forma de sueldos astronómicos- y dejan al ciudadano sin fuerzas ni esperanzas. Los gobiernos que le sirven a Mamón, buscan sangre de donde sea; con la condición, claro está, de que los ciudadanos de a pie la repongan cuanto antes a través de donaciones vía impuestos de todo tipo, forma y color, para que nadie se escape.
Pero el dinero tiene los días contados. Toda la crisis de la liquidez monetaria solamente tiene un sentido: revelar la flaqueza del papel moneda y la urgencia de un sistema mejor. Ese es el que nos quieren vender. O mejor dicho, el que ya tienen en mente imponer. Se trata de una economía globalizada, y digitalizada, sin dinero de por medio. Un mundo tan controlado por los poderes supremos, que nadie pueda escapar de su ojoquetodolove. ¿Es posible? Sin duda. Es más: ya lo tienen preparado. Es por eso que las grandes empresas de microchips están produciendo millones de piezas. Su destino está bajo la piel de los seres humanos, que serán menos humanos y más robóticos después de esa implantación. Pero que será presentada como la salvación de la economía y de toda alma viviente, quienes solamente tendrán que entregar su piel -y a través de ella, sus nervios y su cerebro- en el altar del Nuevo Orden Mundial, encabezado por el Superhombre y potenciado por el mismísimo infierno. Tiempo al tiempo.
La cuestión es que este mundo se pone cada vez más intransitable y contaminado. Los políticos han caído en la trampa de la corrupción monetaria y se venden al mejor postor, como siempre ha ocurrido. Aunque ahora a lo bestia. Los de arriba, esos que son los amos y señores del dinero, ya no se conforman con eso. Ahora quieren controlar a cada persona. Quieren demostrar quién manda y acabarán exigiendo adoración total e incuestionable. Mira, si no, Apocalipsis 13. Por todo ello, y mucho más que no nos da tiempo a relatar aquí, a los cristianos nos debería costar menos aceptar que no somos de este mundo, y que no deberíamos amarlo ni a sus cosas, que no podemos servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo, porque la experiencia nos demuestra que acabamos despreciando a Dios en beneficio de nuestra economía, incurriendo en la mismísima idolatría en la que están los gobernantes y sus ciudadanos. Ya es hora de que tomemos conciencia de nuestra identidad espiritual, que demos pasos de un mayor compromiso con nuestra fe y denunciemos la maldad y el destino final de los que la siguen. Hemos sido llamados a ser testigos del último imperio del hombre, de su decadencia y destrucción. Sería mejor que saliéramos de debajo de sus templos, antes de que éstos se derrumben y nos destruyan bajo sus columnas. Saquemos nuestros corazones del materialismo y preparémonos para un terremoto global de la economía. Después vendrán otros...como está escrito. Comencemos a orar con mayor intensidad para que Jesús regrese, tal y como prometió. Y mientras le esperamos, purifiquémonos así como sabemos que él es puro.1ª Juan 3:1-3, 1ª Juan 2:28, Apocalipsis 22: 12-17.
¿Estás preparado para lo que se nos viene encima?
lunes, 14 de mayo de 2012
EL FRACASO DEL ÉXITO
Uno de los mayores peligros con los que nos encontramos hoy como creyentes es el continuo bombardeo de lo que se supone que es el éxito, o la vida exitosa. La mayor parte de los conceptos utilizados por los autores para definir el éxito personal tiene que ver con el desarrollo de talentos y habilidades, descubrimiento del propio potencial y su utilización en la persecución de ciertos fines, que casi siempre tienen que ver con sueños igualmente personales. En el fondo se trata de cómo alcanzar posiciones dentro de la sociedad y estar, como se dice, "en la cumbre". Lo contrario es considerado fracaso.
El asunto es que dentro de este contexto no aparece para nada el concepto "perder la vida" del que Jesús nos habla, al referirse al camino de la salvación. La expresión concreta del Maestro es: El que quiera salvar su vida , la perderá; pero el que la pierda por mi causa o la del evangelio, la salvará. La propia iglesia ha acuñado el término éxito al ministerio, asociándolo a grandes cifras, megaiglesias y prosperidad "a todo tren". Así que, cualquier otra forma de vivir el supuesto ministerio cristiano o eclesiástico puede ser visto como inferior o de claros perdedores. Los pastores, por tanto, se esfuerzan por llegar a lo que se considera "cumbre" en su contexto. No es de extrañar que tantos estén abandonando el ministerio, al desanimarse en la escalada por alcanzar la supuesta cima, en la que de no estar, serán considerados de "segunda clase" o "menos ungidos".
El asunto en sí es digno de análisis y consideración. Porque, para empezar, los que han acuñado esos términos y los propagan, son hombres cuyas metas y propósitos están en este mundo, al que le quieren sacar el máximo partido para sentirse realizados. No tienen el mínimo interés por la eternidad, ni en el destino de las almas. Sus sueños personales acaparan toda su atención y su tiempo. Por otro lado, prima la consecución de esos sueños y objetivos por encima de todo lo demás. Bajo esa luz, no hay lugar para los que abandonan una carrera, o desean dejar atrás las metas personales, para dedicarse simple y llanamente a la predicación del evangelio. Al menos, claro, que estén pensando en construir una de esas megaiglesias -es decir, congregaciones gigantescas, con mucho dinero y respetadas por el poder político y la sociedad en general-, o hacerse de una importante reputación.
Desgraciadamente, los que se dejan llevar por esos "cantos de sirenas" de una sociedad opulenta y sin Dios, abandona todo lo que tiene que ver con desprendimiento, sacrificio, muerte diaria y renuncia. Una vez en el poder, estarán tentados a mantenerlo a toda costa -como hacen muchos políticos-, aunque eso suponga el abandono de los principios del evangelio y la fidelidad de la Palabra de Dios. No hacerlo, es decir, estar dispuestos a sufrir pérdida por la declaración abierta de la verdad, puede acabar en persecución y esa no es la idea del éxito, al menos según los patrones sociales. No es de extrañar que grandes figuras de la cristiandad se hayan casado con el poder y mantengan sus bocas cerradas y sus conciencias cauterizadas. Lo contrario podría bajarles de su pedestal de hombres y mujeres de éxito, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo y de buena reputación.
Como digo, en ese mundo de supuestas estrellas, no caben los que no tienen aspiraciones en esta sociedad, los marginados por causa de Cristo, los que solamente aspiran a salvar almas para el reino de Dios y punto. El espíritu de Laodicea -ese que Jesús reprime en el capítulo tres del Apocalipsis- sigue cegando el entendimiento de muchos creyentes, para que no les resplandezca la luz del verdadero evangelio: el de llevar la cruz, el de abandonarlo todo para seguir al Maestro, el de compartir cuanto se tiene para que no haya necesitados entre los creyentes, el de no hacerse tesoros en la tierra, el de buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, el de gozarse cuando se es perseguido por la causa de Cristo y el de no sentirse cómodo y sospechar cuando todos los hombres hablen bien de uno.
Vivimos en tiempos extremadamente peligrosos. Buscar ese supuesto éxito social puede resultar en el más terrible de los fracasos.
martes, 17 de abril de 2012
LOS ERRORES DE LA CASA REAL
En los últimos meses parece que haya habido una concentración de intereses alrededor de la institución monárquica, con la intención de hacerles tropezar en algún error y de exponerles. Dichos intereses, a los que me refiero, no necesariamente son poderes terrenales o manos negras movidas por entes antimonárquicos. Pueden ser sencilla y llanamente cosas que pasan. Y nos pasan a todos. Quiero decir que todos erramos y que tarde o temprano somos sorprendidos en alguna de nuestras faltas o delitos. El problema no solamente está en el delito en sí, sino a quién le pasa o quién lo comete. Porque las mismas cosas le están ocurriendo a muchas otras personas, pero no con la misma repercusión. Lo que presuntamente hizo Urdangarín, por lo que se le está investigando, lo vienen haciendo miles de delincuentes económicos que traen a Hacienda de cabeza, pero pocos afloran a los medios ni ocupan las primeras páginas como le ha ocurrido al yerno del rey.
Después , recientemente, vino lo del disparo accidental del nieto del monarca, un jovencito de trece años al que la ley ilegitima para portar o manejar un arma, de caza en este caso. Estoy convencido de que este chico no es el primero ni, seguramente, el último al que le ha pasado algo así. Pero es el nieto mayor del rey. Ahora, el propio monarca sufre un desafortunado accidente de salud en una supuesta caza de elefantes. Y en plena crisis económica, nadie entiende que el rey de un país que está sufriendo los zarpazos de ese otro animal, devorador de puestos de trabajo y de futuros, se vaya a una costosa cacería, en contra de toda sensibilidad. De nuevo, los cazadores de safaris programados son miles al año, pero estamos hablando del propio rey.
Los que no están de acuerdo con la institución de la monarquía, lo tienen más fácil y más claro para vocear sus argumentos, conscientes de que ahora cuentan con una audiencia mucho más numerosa. La propia casa real, inconscientes de tales resultados, se lo están facilitando al no ver más allá o no contar con el precio a pagar por sus errores. Esto mismo le ocurre a muchas instituciones más, no solamente a la monárquica. El mundo se asemeja mucho a la selva. El animal debilitado y herido tiene muy pocas posibilidades de sobrevivir. Sobre todo si se encuentra aislado e incapaz de seguir el ritmo de la manada. Los depredadores se encargarán de su desaparición, tan pronto como se percaten de su estado.
Estoy completamente convencido de que en estos momentos tanto el rey como toda la casa real están haciendo balance de sus errores y tomando buena nota. Como el resto de los mortales, ellos están también en la escuela de la vida. Aprendemos de los errores, siempre que éstos no sean fatales. Ya no estamos en el absolutismo y la monarquía sabe que un día la Constitución española podría ser modificada y dejarles fuera. No sería la primera vez. Por tanto, si quieren sobrevivir a esta cadena de tropiezos, tendrán que aplicarse y aprender rápidamente. Y, desde luego, convencer a la manada de que les esperen y traten de ser comprensivos con sus debilidades. Al fin y al cabo, reyes o ciudadanos de a pie, todos somos humanos y cometemos muchos errores a lo largo de nuestra trayectoria. Los que, sin duda, son más difíciles de convencer son los oponentes a tal institución, que más que nunca están cargados de razón al exponer sus razones por las que no deberíamos tener un estado monárquico.
Como cristiano, intento verlo con ojos trascendentales. Sinceramente, me da igual si el país se rige por un régimen u otro. Respeto la democracia y me sujeto al voto de la mayoría. Lo que realmente me importa es lo que yo pueda aprender de todo ello. Porque , como hijo de Dios, también me considero parte de Su familia. Sé que a muchos no les gustaría ser regidos por Dios y llevan siglos intentando sacarlo de Su propia creación, como si pudieran. Son enemigos declarados de vivir bajo Sus principios y Leyes y de tener que darle cuentas de lo que hicieron con sus vidas. Por eso, prefieren creer que no existe, o que no creó el universo y toda forma de vida. Han dado una explicación, supuestamente científica, en la que Dios desaparece, como si al sacarle de sus libros pudieran borrarle del mapa. Por eso, los que sabemos que Él es más real que nosotros mismos, tenemos el deber de mirar con mucho cuidado por donde pisamos y cual pueda ser el resultado de nuestra conducta.
Durante siglos, la institución católica estuvo abanderando su realeza sobrenatural y sus derechos adquiridos para representar el reino de Dios en esta Tierra. De lo que al parecer no fueron muy conscientes fue de que sus garrafales errores les iban a pasar factura, no solamente delante de Dios, a quien decían obedecer, sino de los hombres, muchas veces víctimas de sus locuras. El Vaticano, no hace tanto, ha pedido perdón por sus errores históricos, pero aún tiene que sufrir las terribles vergüenzas de cuanto siguen abusando de su posición, estando bajo su amparo, y comente atrocidades como el abuso sexual o el tráfico de niños. Es incluso probable que el enfriamiento espiritual de Europa se deba a ese pasado.
Esos mismos errores nos podrían suceder a todos si no aprendemos de ello. De hecho, le está ocurriendo al mundo evangélico, que también sufre de debilidades y de abusos de poder por parte de ciertas autoridades supuestamente espirituales. Se dice que es inteligente aprender de los propios fallos, pero que aún es más inteligente aprender de los ajenos. Y es cierto. Tomo nota de todo eso. Quiero contribuir a la honra de la Casa a la que pertenezco como creyente e hijo de Dios. Por tanto mido bien mis pasos y lo pienso antes de actuar. Cuando cometo errores, sé que tengo que enmendarlos lo antes posible. No quiero darles a mis enemigos munición con la que dispararme. Ya se han fabricado ellos mismos de sobra. Solamente esperan que me sitúe a tiro, que me debilite y caiga en las muchas trampas de este mundo salvaje. Con razón nos dice la Escritura que la santidad conviene a esta Casa. Y la continua disposición al arrepentimiento y a la corrección de rumbo, cada vez que perdemos las coordenadas de la Palabra de Dios y de Su amor.
Por eso, aunque no soy monárquico ni republicano, tomo buena nota de los errores de unos y de otros, por si yo mismo los estuviera cometiendo. Quiero aprender de ello y servir a la causa del Evangelio de forma que Dios pueda ser honrado y Su reino respetado. Y soy consciente de que aún estoy aprendiendo.
sábado, 7 de abril de 2012
EL ENGAÑO DEL PODER
Ahora que medio mundo está sumido en una inmensa crisis económica -el otro medio ya lo estaba antes-, de la que nadie sabe cómo salir realmente, es cuando podemos ver con mayor claridad el calibre de nuestros dirigentes políticos. No me refiero solamente a los españoles, sino al conjunto. La enorme falta de sabiduría de éstos y la ceguera de querer deslumbrar a sus respectivos votantes con los niveles de desarrollo a los que, pretendidamente, eran capaces de llegar, ha llevado al mundo al borde del colapso. Es casi inimaginable cómo se han podido endeudar, sin excepción, hasta el punto de entrar en bancarrota práctica. Una enorme pifia y una profunda revelación del carácter voluble y de la falta total de integridad en los dirigentes.
La Biblia nos enseña a guardar en tiempos de abundancia para los de escasez y necesidad. Pero estos gobernantes han caído, en masa, en lo que el apóstol Pablo denominaba el engaño de las riquezas. Este engaño, por cierto, consiste en creer -¡mira si podemos ser pardillos!-, que tenemos la capacidad de convertir este mundo en un paraíso permanente. Que las cosas pueden quedarse establecidas y aseguradas perpetuamente para que no fracasen. Así, con esta mentalidad, cuanto más dinero les entraba, más aceptaban como real el espejismo de ver el horizonte del futuro como ese paraíso soñado. Gastar sin control hasta conseguirlo parecía lo normal, sin importar las consecuencias, o, mejor dicho, sin considerar el posible fracaso de un gasto indefinido. Y aquí viene otro de los problemas: la ingenuidad de no haberse dado cuenta aún de en qué mundo vivimos, por una parte, o la sinvergonzonería, por otra, de saberlo y querer aprovecharse del cargo mientras dure. Ninguna de esas posturas debería jamás ocupar la mente de nuestros líderes políticos.
Algunos de esos políticos son, supuestamente, de tendencia o inspiración cristianas. Seguramente de los que piensan que el reino de Dios literal ya está aquí, que estamos en el Milenio prometido en las Escrituras. Y que ahora le corresponde a la Iglesia tomar los reinos de este mundo. La Católica tiene ya una larga experiencia en ese tipo de pensamiento. No ha cesado de ejercer sus mecanismos de control e influencia para posicionarse entre las naciones como cabeza. Su líder tiene rango de jefe de estado y los demás dirigentes se inclinan ante él. Para éstos cabecillas religiosos la segunda venida de Cristo será la cima de su escalada de poder. Simplemente vendrá a recoger el cetro que ya ellos habrán obtenido.
Aquellos políticos desprendidos y presuntamente cristianos, deberían saber que el mundo entero -de acuerdo con la Palabra de Dios-, está bajo el maligno, es decir, Satanás. Como éste le decía a Jesús en el desierto, todos los reinos del mundo le han sido entregados y él se los da a quien quiere. Eso significa: a los que estén dispuestos a adorarle y ser sus colaboradores, que es lo que Satanás pretendía que Jesús hiciese. Si los líderes bienintencionados pasan esto por alto, se van a topar, tarde o temprano, con una terrible decepción. Hay demasiada gente dispuesta a venderle su alma al diablo a cambio de saborear las mieles del poder y asegurarse una estancia en la Tierra de lo más próspera. Por ello, otros políticos están descaradamente del lado oscuro. Son estrechos colaboradores del egoísmo que impera. Buscan los votos del pueblo sin reparo alguno, mintiendo sin el más mínimo rubor. Se aprovecharán de cada oportunidad de enriquecerse, porque su único objetivo y motivación verdaderos son ellos mismos, su supervivencia y su posición. Jamás entenderán estos que el que quiera salvar su vida la perderá y que el que la pierda por causa del evangelio, la salvará. La ceguera a la que Satanás les tiene sometidos, por causa de ese egocentrismo recalcitrante, no les permite valorar lo que no sea dinero y poder adquisitivo. Y lo realmente trágico, es que el mundo está en sus manos. No nos debemos extrañar, pues, que vayamos tan mal y a peor.
No pretendo decir que todos y cada uno de los que se mueven en la política sean tan nefastos ni tan malintencionados. Lo que sí digo es que una vez que te acerques al poder, vengas de donde vengas, vas a tener que enfrentarte a la tentación del enemigo de nuestra alma y de nuestro bienestar, quien querrá comprarte a cambio de una parcela de poder en este mundo. Al parecer no es difícil sucumbir a la tentación. Se requiere una integridad a prueba de bombas para mantenerse firmes y fieles a los principios del evangelio. Las iglesias tradicionales y apegadas a los poderes temporales por tanto tiempo saben de que estoy hablando. Han fracasado muchas veces cambiando la Palabra de Dios por influencia y anulando todo papel profético en medio de nuestra sociedad. Como resultado, muchos de ellos ya ni creen en la Biblia como autoridad o revelación suprema. Estarían demasiado avergonzados si lo creyesen. Prefieren relegarla a un conjunto de normativas bastante antiguas, a las que se les puede añadir o quitar según convenga.
Así, con tanta transgresión de por medio, este mundo se está preparando para recibir al máximo líder del engaño, que será Satanás en la figura del Anticristo. Ya el profeta Daniel había visto que cuando los transgresores llegaran al colmo, se levantaría un rey altivo y entendido en secretos, refiriéndose al mismo Anticristo. Por supuesto, este querrá aniquilar a quienes se le opongan. No dudes que la Iglesia será puesta a prueba en ese tiempo, quizá no tan lejano. Antes de darnos la máxima autoridad al lado de Su Hijo, Dios revelará a través de las pruebas, quienes son suficientemente íntegros para participar de una posición tan elevada. La experiencia de Satanás, quien había estado junto a Su trono, pero no que pudo resistirse a la tentación de poder, aun oponiéndose al mismo Dios -de ahí le viene el nombre, ya que Satanás significa "el que se opone"-, es ya suficientemente triste y trágica como para seguir repitiéndola. Dios probará a los suyos. De hecho nos está probando a través de nuestras circunstancias y dificultades. Solamente aquellos que están determinados a confiar en Él plenamente, negándose a sí mismos, pasarán con éxito. El banco de los fracasados está lleno y no solo de políticos.
domingo, 25 de marzo de 2012
DESPUÉS DE LA CALMA
Todos hemos oído repetidamente lo de que "después de la tormenta viene la calma". Y es cierto que estando, como a veces estamos, en medio de grandes dificultades y crisis de todo tipo, podemos confiar en que no tardará en abrirse el cielo y dejar paso a esos rayos de sol anunciadores de una nueva calma. Las olas no se enquistan. Pueden sacudir con mayor o menor fuerza, pero pasan. Hasta el más angustioso de los tiempos, esa "gran tribulación" anunciada en las profecías bíblicas, solo durará realmente tres años y medio, que es el periodo revelado en Apocalipsis 13:5. Claro que , como ya he dicho en otras ocasiones, la relatividad del tiempo puede hacernos parecer eterno un periodo breve, cuando éste adquiere una intensidad y un sufrimiento superiores.
Pero no tenemos que llegar a la "gran tribulación" para saber lo que significa angustia y dificultad. A escala menor, o personal, la vida nos depara muchas tormentas que atravesar. La experiencia, sin embargo, nos enseña que después de cada temporal viene una calma. Ahora bien, y esto es por lo que estoy hablando del tema, no es menos cierto que "después de cada calma, viene una tormenta". No hace muchos días nos vimos sorprendidos por este fenómeno. Nuestro invierno ha sido bastante frío, pero seco. Antes de tiempo, la primavera irrumpió con elevadas temperaturas, casi veraniegas. Una mañana de hace apenas cinco o seis días, nos vimos sorprendidos por una lluvia intensa, con nevadas incluidas, que barrió esta parte del país. Tengo que admitir que me vi seriamente afectado, al descubrir la cantidad de huecos abiertos en el techo de mi vivienda, dejando penetrar el agua por donde nunca antes había goteado. Y obligándome a sacar cacharrería a discreción para evitar que la casa se transformara en una piscina cubierta.
Goteras aparte, el fenómeno atmosférico me ha hecho reflexionar. En el mundo suenan tambores de guerra. No es nada nuevo en este aún muy joven siglo, apenas inauguranda su segunda década. Ya tuvimos en la década anterior el fiasco de las Torres Gemelas, una maravillosa escusa para entrar a base de bombazos y vidas sacrificadas en Afganistan, sede, por cierto, del 80% de la producción mundial de opiaceos. ¿Casualidad? Después Irak, con la excusa de paliar el peligro inexistente de armas de destrucción masiva. Mas de quinientos mil muertos, según las fuentes irakíes, como paga para destrabar cualquier tapón a la producción de petroleo o para causar el temor y la justificación de las imparables subidas del crudo. Por cierto, que aún después de acabar con esos conflictos bélicos, nunca los precios de la gasolina han vuelto a bajar significativamente. Es terriblemente descarado ver cómo una industria que cuenta con fuentes de recursos casi ilimitados, tiene que echar mano de guerras y de sustos para convencer al mundo de pagarles más por lo mismo. Las masas de víctimas de estos colosos de la industria petrolífera actuamos como pobres ovejas mudas, sentenciadas a trabajar duramente para pagarles más y más a estos individuos.
Pues bien -o mejor dicho: mal-, ahora le toca a Irán. Es posible que por momentos no nos lo parezca. Especialmente cuando la misma llegada de la primavera, con sus colores frescos y sus alegres y ruidosas golondrinas, parezca venir en son de paz y cargada de mensajes de esperanza. Esa que todas las personas de bien tenemos, de que cesen de una vez los combates y dejen de morir ciudadanos a la orden de ¡disparen!, de los señores de la guerra sentados en sus cómodas oficinas detrás de las puertas del Pentágono o de la sede de la OTAN. La calma actual no durará mucho. Pronto llegará la nueva "Tormenta del desierto", la que amenaza cada vez más con transformar este mundo en eso mismo, un desierto.
Y a todo esto ¿qué podemos hacer los creyentes? Desde luego orar; pero nunca tragarnos las mentiras insidiosas y falsantes de que todas y cada una de esas guerras son por el bien común, para salvar la democracia y proteger la civilización y la cultura occidentales. Todas y cada una de esas guerras parten de la codicia de poder, de los planes de hombres que quieren un control mayor y más eficaz de la sociedad y de cada uno de los seres humanos. Es cierto que los radicalismos religiosos y los fundamentalismos violentos son un peligro para la humanidad, pero menor que el deseo oculto de querer dominar el mundo por la espada, de llevar a nuestra sociedad al caos, para después salvarla a base de más control y de leyes restrictivas. Los cristianos lo tenemos difícil en el futuro cercano. Pero lo tendremos aún peor si no somos capaces de ver el engaño que nos acecha. Solamente hay un Mesías verdadero: Jesucristo. Y solamente habrá una paz duradera: la del reino de Dios. Y ninguno de los poderes actuales, a la luz o a la sombra, nos la podrán traer. Mirad que nadie os engañe, dijo Jesús en Mateo 24. Mantengamos los ojos abiertos, para cuando llegue la próxima tormenta. No falta mucho.
lunes, 5 de marzo de 2012
VOCES EN EL DESIERTO
Después de observar y analizar, con cierto detenimiento, los acontecimientos actuales en el mundo que nos rodea, no podemos menos que encontrar algunas profundas similitudes entre nuestro tiempo y el inmediato a la aparición de Cristo en la historia de la humanidad. Israel estaba entonces sumido en el caos. La nación había sido fragmentada en cuatro regiones, con su propio rey cada una. Todas, a su vez, sometidas al yugo de Roma y sus césares de turno. Es en esa situación en la que aparece Juan el Bautista. Algún despistado puede pensar que la denominación evangélica del mismo nombre posea esa antigüedad y que Juan fuera su fundador. No, no van por ahí las cosas. El profeta precursor del Mesías, no había venido a fundar ninguna secta o grupo cristiano, aunque no le faltaran seguidores. Algunos de sus admiradores incluso pensaron que era el propio Mesías. Él, sin embargo, lo negó. De hecho, negó incluso ser el profeta, aunque Jesús mismo dijo de él que no había nacido de mujer nadie tan grande como Juan. Éste, no obstante, estaba muy lejos de buscar la fama o el reconocimiento. Su total y completo enfoque era el Mesías venidero. Todo lo demás carecía de relevancia, incluido él mismo. Ojalá adoptáramos, desde ya,una actitud parecida.
Bueno, digo que hoy día vivimos una época o tiempo similar a aquel, al menos espiritualmente hablando. También nosotros estamos en pleno caos. Necesitamos más que nunca al Mesías y Su reino de paz y de justicia. Si no que se lo digan a las víctimas de esas nuevas guerras en oriente medio, o a los indignados por la descarada injusticia de los gobernantes de la economía mundial, y a toda una generación que mira hacia el futuro sin encontrarlo. Sí, necesitamos, de nuevo, la intervención divina en la Tierra por medio de Jesucristo. La buena, mejor dicho, la gran noticia, es que Jesús mismo afirmó que lo haría, que volvería en tiempos de enorme dificultad y desesperación. Pero tal como entonces, la humanidad necesita ser avisada de la salvación venidera. Hace dos mil años, Dios envió a aquel profeta tan grande y tan humilde. Algunos se preguntan por qué no enviará Dios hoy a algún otro de parecido talante. Yo me quiero imaginar Sus razones. Ya hemos tenido demasiados héroes personalistas, hinchados en su motivaciones egocéntricas, deseosos de destacar sobre los demás y desenfocados del verdadero protagonista, del Único que merece todo reconocimiento, honra y adoración.
Hoy, Dios está esperando que sea la Iglesia quien tome el relevo profético. No un gran líder sino todo el pueblo, unido por el encanto del Rey de Reyes. Un pueblo deseoso de agradarle a Él, anónimo, sin grandes pretensiones vanidosas ni basados en el culto a la personalidad. Daniel, el profeta, habló de ello al decir que el pueblo que conoce a su Dios se esforzaría y entraría en acción. Daniel 11:32. Justo en ese momento de la historia en el que el anticristo rompe el Pacto santo para encumbrarse como el gran protagonista. Si ha habido un tiempo en el que tiene que ser alzada una voz en el desierto, es éste, sin duda. Cuando la maldad está de nuevo llegando al colmo. Véase Daniel 8:23. Cuando cada vez se percibe con mayor claridad la manipulación de los que manejan los hilos desde la sombra, engañando al mundo entero con sus falsas fachadas y sus sangrientos desenlaces. Los dirigentes de este mundo están perdidos en manos del mismo Satanás. Y no lo digo por hacer una frase contundente. Lo sé por la misma Escritura, desde la que Satanás es presentado como el Príncipe de este mundo, a quien le fueron entregados todos los reinos de la Tierra. Véase, si no, las tentaciones de Jesús en el desierto, narradas en Mateo y Lucas, capítulo 4.
Ingenuamente, algunos líderes de la Iglesia, y muchos creyentes que les siguen creen que el cristiano puede arrebatarle al enemigo ese cetro sobre las naciones, para que estas sean gobernadas por la Iglesia. Me temo que eso sea pura ilusión. Sí, llegará ese día, cuando Jesús regrese y destruya todo este sistema basado en la mentira, en la especulación y en el amor al dinero. Entretanto, más nos valdría alzar la voz en el desierto, para que las ovejas perdidas oigan al Pastor y puedan ser reunidas al Rebaño. Antes que sea demasiado tarde y no queden ya voces que proclamen la verdad.
Bueno, digo que hoy día vivimos una época o tiempo similar a aquel, al menos espiritualmente hablando. También nosotros estamos en pleno caos. Necesitamos más que nunca al Mesías y Su reino de paz y de justicia. Si no que se lo digan a las víctimas de esas nuevas guerras en oriente medio, o a los indignados por la descarada injusticia de los gobernantes de la economía mundial, y a toda una generación que mira hacia el futuro sin encontrarlo. Sí, necesitamos, de nuevo, la intervención divina en la Tierra por medio de Jesucristo. La buena, mejor dicho, la gran noticia, es que Jesús mismo afirmó que lo haría, que volvería en tiempos de enorme dificultad y desesperación. Pero tal como entonces, la humanidad necesita ser avisada de la salvación venidera. Hace dos mil años, Dios envió a aquel profeta tan grande y tan humilde. Algunos se preguntan por qué no enviará Dios hoy a algún otro de parecido talante. Yo me quiero imaginar Sus razones. Ya hemos tenido demasiados héroes personalistas, hinchados en su motivaciones egocéntricas, deseosos de destacar sobre los demás y desenfocados del verdadero protagonista, del Único que merece todo reconocimiento, honra y adoración.
Hoy, Dios está esperando que sea la Iglesia quien tome el relevo profético. No un gran líder sino todo el pueblo, unido por el encanto del Rey de Reyes. Un pueblo deseoso de agradarle a Él, anónimo, sin grandes pretensiones vanidosas ni basados en el culto a la personalidad. Daniel, el profeta, habló de ello al decir que el pueblo que conoce a su Dios se esforzaría y entraría en acción. Daniel 11:32. Justo en ese momento de la historia en el que el anticristo rompe el Pacto santo para encumbrarse como el gran protagonista. Si ha habido un tiempo en el que tiene que ser alzada una voz en el desierto, es éste, sin duda. Cuando la maldad está de nuevo llegando al colmo. Véase Daniel 8:23. Cuando cada vez se percibe con mayor claridad la manipulación de los que manejan los hilos desde la sombra, engañando al mundo entero con sus falsas fachadas y sus sangrientos desenlaces. Los dirigentes de este mundo están perdidos en manos del mismo Satanás. Y no lo digo por hacer una frase contundente. Lo sé por la misma Escritura, desde la que Satanás es presentado como el Príncipe de este mundo, a quien le fueron entregados todos los reinos de la Tierra. Véase, si no, las tentaciones de Jesús en el desierto, narradas en Mateo y Lucas, capítulo 4.
Ingenuamente, algunos líderes de la Iglesia, y muchos creyentes que les siguen creen que el cristiano puede arrebatarle al enemigo ese cetro sobre las naciones, para que estas sean gobernadas por la Iglesia. Me temo que eso sea pura ilusión. Sí, llegará ese día, cuando Jesús regrese y destruya todo este sistema basado en la mentira, en la especulación y en el amor al dinero. Entretanto, más nos valdría alzar la voz en el desierto, para que las ovejas perdidas oigan al Pastor y puedan ser reunidas al Rebaño. Antes que sea demasiado tarde y no queden ya voces que proclamen la verdad.
lunes, 20 de febrero de 2012
¿QUÉ NOS DEPARA EL 2012?
Ya estamos en 2012, ese año enigmático del que tanto se ha hablado y del que se sigue hablando como de un momento clave en la Historia de la humanidad. El calendario de la Cuenta Larga maya se cierra el 21 de diciembre, finalizando un periodo de más de cinco mil años. Aquel pueblo centroamericano consideró ese extremo del tiempo como un momento de cambios profundos. De hecho, sus augures pronosticaron crisis de todo tipo y transformaciones drásticas en la política y en las condiciones geográficas del planeta. Al menos así parece deducirse de las antiguas profecías mayas. Las mejor conservadas están recopiladas bajo el nombre genérico de su posible coautor, el Chilam Balam, en el Libro de Chumayel. Allí se pronostica la llegada de los españoles y del cristianismo, como portadores de la revelación del único Dios verdadero.
Algunos escatólogos conectan estas profecías con otras de origen judío, realizadas o recopiladas en la época medieval -hace setecientos años-, que pronostican para el 2012 la llegada de un rey o mesías. Ambas profecías, mayas o judías del medievo, nos hablan de juicio y de cambios sustanciales. Debido a ello, algunos escatólogos, como digo, señalan este año como crucial. Desde luego las cosas no están para menos. Las revueltas en el mundo árabe; las amenazas de invasión de Irán, respaldado, como Siria, por Rusia y China; la crisis de las monedas más potentes, el dólar y el euro;la peor situación conocida del ecosistema global y las grandes amenazas de desastres geológicos por todo el planeta, hablan por sí mismos. Si, además, le añadimos otras fuentes cristianas, aunque extra-bíblicas, de profecías, tal y como la del también medieval San Malaquías, evangelizador de Irlanda, la advertencia sobre este tiempo está servida.
Para los que no han tenido la oportunidad de conocer esta última, aclararemos que se trata de la famosa Profecía de los Papas. En ella se da una lista de 111 Pontífices que tendrían que gobernar la Iglesia católica antes del fin. Para cada uno de ellos se da un lema, una definición resumida de cada Papa. Según esta lista, el actual, Benedicto XVI, sería el último. Después, en un periodo final de grandes tribulaciones, un tal Pedro romano llevaría las riendas del mundo católico. Y aunque no aparezca enumerado, sería el 112. Como el que está actualmente a la cabeza del Vaticano es un Pontífice ya octogenario, algunos señalan este año como el de su posible renuncia o defunción, o bien de la caída del poder Católico y de su sede. Todo lo cual podría dar paso a esos cambios profundos que apuntarían hacia el final.
Por supuesto todo esto podría quedar en una simple conjetura, si no fuera porque cuando acudimos a la fuente de revelación más fiable, la Biblia, nos encontramos con un batallón de profecías que señalan también a nuestros tiempos como los del cumplimiento del Apocalipsis. ¿Será este año el del cambio clave hacia ese desenlace? ¿Estará el anunciado Anticristo a punto de manifestarse? ¿Será tanta revuelta en el mundo la preparación o antesala de un Nuevo Orden Mundial a punto de cuajar para darle el poder a dicho Anticristo? Sin duda los tiempos están candentes. Deberíamos acudir sin falta a las Escrituras para investigar en ellas lo que se anuncia. El Libro del profeta Daniel; el capítulo 24 del evangelio de San Mateo, en el que se registran las palabras proféticas de Jesús acerca del tiempo del fin; las dos cartas del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses y el Apocalipsis, deberían ser leídos y estudiados con sumo interés. A propósito, esta es otra de las razones por las que escribí mi libro. Sin embargo, no podemos asegurar que éste sea el año en el que veamos la luz al final del túnel. Solo sabemos que lo que está escrito tiene que cumplirse y eso es ya suficiente motivo como para que nos despertemos y nos informemos debidamente. ¿No te parece?
Para los que no han tenido la oportunidad de conocer esta última, aclararemos que se trata de la famosa Profecía de los Papas. En ella se da una lista de 111 Pontífices que tendrían que gobernar la Iglesia católica antes del fin. Para cada uno de ellos se da un lema, una definición resumida de cada Papa. Según esta lista, el actual, Benedicto XVI, sería el último. Después, en un periodo final de grandes tribulaciones, un tal Pedro romano llevaría las riendas del mundo católico. Y aunque no aparezca enumerado, sería el 112. Como el que está actualmente a la cabeza del Vaticano es un Pontífice ya octogenario, algunos señalan este año como el de su posible renuncia o defunción, o bien de la caída del poder Católico y de su sede. Todo lo cual podría dar paso a esos cambios profundos que apuntarían hacia el final.
Por supuesto todo esto podría quedar en una simple conjetura, si no fuera porque cuando acudimos a la fuente de revelación más fiable, la Biblia, nos encontramos con un batallón de profecías que señalan también a nuestros tiempos como los del cumplimiento del Apocalipsis. ¿Será este año el del cambio clave hacia ese desenlace? ¿Estará el anunciado Anticristo a punto de manifestarse? ¿Será tanta revuelta en el mundo la preparación o antesala de un Nuevo Orden Mundial a punto de cuajar para darle el poder a dicho Anticristo? Sin duda los tiempos están candentes. Deberíamos acudir sin falta a las Escrituras para investigar en ellas lo que se anuncia. El Libro del profeta Daniel; el capítulo 24 del evangelio de San Mateo, en el que se registran las palabras proféticas de Jesús acerca del tiempo del fin; las dos cartas del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses y el Apocalipsis, deberían ser leídos y estudiados con sumo interés. A propósito, esta es otra de las razones por las que escribí mi libro. Sin embargo, no podemos asegurar que éste sea el año en el que veamos la luz al final del túnel. Solo sabemos que lo que está escrito tiene que cumplirse y eso es ya suficiente motivo como para que nos despertemos y nos informemos debidamente. ¿No te parece?
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