viernes, 25 de febrero de 2011

POR SORPRESA

Muchos de los sucesos que, por su intensidad e importancia, afectan o cambian nuestra vida, se fraguan a lo largo de un periodo más o menos largo. Quizá se originaron en alguna decisión, o en algún otro suceso previo. De cualquier manera, lo normal es que pasen por un proceso, hasta que las condiciones se den para que venga el cambio. Esto nos ocurre, por ejemplo, con las relaciones de pareja, que se inician en una decisión de acercamiento y concluyen en un compromiso de vida compartida. O con un negocio, planificado durante meses, antes de que cuaje y esté activo.
Otras veces, sin embargo, el suceso acontece de forma repentina y casi inexplicable. La pérdida de un ser querido, tras un accidente o un infarto, estaría en esta categoría. Por supuesto, un análisis más concienzudo sobre el caso, nos dejaría ver, seguramente, que ni siquiera esos sobresaltos nos vienen sin aviso. Por lo general, el problema se estaba gestando ya durante mucho tiempo, aunque estuvieramos ignorantes de lo que se preparaba. Si nos sorprende, es precisamente porque no lo veíamos venir.
Hoy día, los acontecimientos a nivel mundial también nos están sorprendiendo. Las revueltas en el mundo árabe y musulmán, se están precipitando sobre los países de esa etnia sorpresivamente. ¿Quien le iba a decir a Mubarak, considerado junto con Nasser y Sadat, un padre del Egipto moderno, que tras treinta años de éxito político, o al menos así lo pensaba él, le iba a estallar en la cara una sublevación popular de ese tipo? En el breve plazo de unas pocas semanas, su liderazgo había sido desechado y se veía obligado a abandonar la presidencia. Lo mismo se puede decir de Gadafi. Este había comenzado como el héroe libertador de Libia. Pero cuarenta años después, y tan solo en unos pocos días, la calma aparente se transformó en una sangrienta guerra civil que apenas comienza.
El apóstol Pablo, al escribir sobre el tiempo del fin a los cristianos de Tesalónica, les dice en su primera carta, en el capítulo cinco: Mientras las naciones hablen de paz y seguridad, les sobrevendrá una destrucción repentina, de la que no escaparán. La paz ha sido muchas veces ya apuñalada por la espalda, a la vuelta de la esquina, de forma sorprendente para la mayoría. Pero ninguna de esas veces fue a consecuencia de una decisión instantánea. Por lo general, las cosas se venían preparando para el golpe final. No siempre se ve con anticipación lo que supuestamente acabará en grandes cambios. La Biblia, sin embargo, no solamente revela algunas de las estrategias y procesos de la política y la economía de los últimos tiempos, sino que nos habla del resultado final, de forma que no nos tome por sorpresa.
Con razón el apóstol Pedro nos advierte, en su segunda carta, para que estemos atentos a la profecía, como a una antorcha en la oscuridad. La política y la economía mundial se están preparando para alcanzar el climax revelado en Apocalipsis: Un solo gobierno y una sola economía mundiales, bajo la dictadura del Anticristo. Nos conviene no pasar por alto el proceso de los acontecimientos actuales en ese campo; de otra manera, nos podemos ver sorprendidos por lo que acabará pasando en el mundo. Jesús dijo que cuando viéramos todas estas cosas, levantáramos nuestra vista, porque el fin se acercaba. No lo digo por arrojar tintas de pesimismo, sino todo lo contrario. Lo que está escrito tiene que cumplirse, nos guste o no. Pero podemos esperarlo activamente, o nos podemos echar a dormir, deseando que todo fuera mentira. La sociedad, a nivel global, se prepara para ese punto profetizado. Por eso, los acontecimientos actuales se dirigen en esa dirección. Y, además, parecen precipitarse, como si el tiempo se acelerara hacia el desenlace predicho. No perdamos de vista lo que ocurra en los próximos meses y años, y preparemos nuestras mentes y espíritus para cambios dramáticos. Acudamos a la Palabra de Dios y obtengamos fuerzas de su verdad. Dios nos aguarda en sus páginas, repletas de sabiduría, revelación, consejo y fortaleza.

viernes, 4 de febrero de 2011

YA NO FALTA TANTO

Los movimientos políticos a lo largo y ancho de la geografía, así como los avances de la ciencia, los altibajos de la economía mundial, el incremento incesante de la delincuencia y la violencia, entre otras facetas de nuestra sociedad actual, avanzan rápidamente hacia la definición de un perfil histórico: el cumplimiento de las profecías bíblicas sobre el fin de una era. Salta a la vista, cada vez más, la necesidad de un gobierno mundial, de un control más eficaz de la información y de los vaivenes económicos, de una moneda única, o mejor dicho, de un mundo sin dinero; ese que siempre es susceptible de manipulación, de evasión a paraísos fiscales, de pérdida en manos de especuladores avaros y sin escrúpulos, de ladrones de guante blanco y alma ennegrecida por la codicia.

Si quieres saber a donde desemboca todo este proceso histórico en el que estamos inmersos en esta época, tiene que leer el Apocalipsis y las profecías de buena parte del Nuevo y del Antiguo Testamento. A consecuencia de todos esos síntomas de nuestro tiempo, el mundo se va mutando en un reality show. Las cámaras siguen conquistando calles y carreteras, mercados y edificios públicos, entradas de hogares y centros de espectáculos. De hecho, cada ciudadano es portador hoy de una cámara insertada en su móvil, desde la que puede captar la imagen de cualquiera sin que lo notemos. La vigilancia avanza imparable hacia la saturación de nuestras ciudades y vías de comunicación. Los numerati, esos espías de los movimientos en internet y de las llamadas desde nuestro móvil, nos siguen clasificando en grupos de consumo. Los satélites que rodean el planeta desde las zonas más altas de la atmósfera, nos vigilan sin tregua, desnudan nuestra intimidad y revelan los detalles más insólitos de nuestros edificios, jardines y prácticamente de todo lo que se levanta sobre la superficie de la Tierra o cruza los océanos.

Por su parte, los que mueven los hilos de la economía, siguen fraguando un mundo inseguro y caótico, el que les conviene para agarrar la sartén por el mango con la suficiente fuerza como para darle la vuelta a la tortilla. En efecto, esa vuelta a la situación es necesaria para llegar al control absoluto, no solo de la economía sino del propio ser humano. Más pronto que tarde, veremos a los gobiernos respaldar la idea de sustituir el dinero por datos de control de producción. Datos estos insertados en un microship, que a su vez es implantado dentro del cuerpo. Apocalipsis 13 revela clarísimamente que será en la mano derecha o en la frente. Lugares más fáciles de manejar y de controlar desde un lector digital de implantes informatizados. ¿Suena a futurismo? Pues mucho de lo que hoy manejamos en nuestro puesto de trabajo o en nuestras casas, era hasta hace muy poco material de ciencia ficción.

Los creyentes tenemos que tomar ciertas decisiones, si es que vamos a sobrevivir en un mundo de control absolutista, no solo de la economía personal, sino del mismo alma del ser humano. De acuerdo a Apocalipsis y a las predicciones del profeta Daniel, se prohibirá todo tipo de creencia espiritual, se cambiarán las fechas del calendario y las leyes, en un intento de capturar las mentes y dominarlas; se impondrá un gobierno mundial centralizado; se acaparará todo el poder en un solo sistema y en la figura de un hombre: el Anticristo. Bajo su mandato, las persecuciones serán feroces, contra todo aquel que le desafíe rehusando someterse a su control. El planeta será barrido por guerras, plagas y catástrofes. El terror y la angustia serán el pan de cada día. No ha habido un tiempo como ese en la historia, ni lo volverá a haber, según las palabras del profeta Daniel y del mismo Jesús. Será tan terrible, que muchos cristianos rehusan creer que Dios les permita estar en la Tierra en un tiempo así. Pero Apocalipsis habla de cristianos en medio de esa situación. Pero también habla de victoria y superación. Así como de la intervención divina contra aquel malvado sistema hasta su total exterminio.

No falta tanto para que lleguemos a ese reality show global y real como la vida misma. Y es bueno saberlo, o Dios no lo hubiera revelado a través de sus profetas. Está escrito y, como Jesucristo dijo: La Escritura no puede ser quebrantada. Otra cosa es si estamos mentalizados y si nos estamos preparando para ese día. Dios es fiel y nos sigue advirtiendo. Como en este artículo de un servidor, que como una minúscula voz en el desierto, proclama una vez más lo que está destinado a suceder. Te aseguro que yo me estoy preparando, al menos en mentalización y estado emocional, que no es poco. Hago mi vida consciente de que puede ser que pronto ya no la pueda continuar de la misma manera. Y mientras espero, procuro dar lo máximo de mí, para que otros puedan estar advertidos y prepararse también. Y que alguien que quizá como tú, no se lo había planteado jamás, se pare lo suficiente como para considerar las señales de que ese mundo se acerca; y quizá logre que no sea demasiado tarde para él o para ella.