El miércoles de esta semana nos ha dejado David Wilkerson, un hombre de Dios, mundiálmente conocido y reconocido, dedicado a extender el evangelio, y un portavoz de verdades no precisamente cómodas entre las organizaciones religiosas. Se ha ido de forma súbita, en un accidente de tráfico, de los tantos que hay a lo largo y ancho de este mundo y que siegan vidas sin cesar, como un tributo sangriento a nuestra civilización, si podemos llamarla así. Tenía 79 años y conducía en una de esas carreteras de Texas, como las que vemos en las películas, en el corazón de la América profunda, a la que él ha estado advirtiendo durante tantos años sobre las muchas desgracias que la amenazan. Por cierto, en su libro La visión, Wilkerson avisaba de las múltiples catástrofes que la Tierra experimentaría en estos años, entre las cuales figuran los grandes tornados que asolarían buena parte del territorio USA. David se ha marchado, precisamente, en una semana trágica para su país, tal como él profetizaba, en la que los tornados se han cobrado más de trescientas víctimas y han causado una enorme desolación.
Si aún no has leído La visión, te aconsejo que la leas lo antes posible. Está accesible en internet, como tantas otras cosas, de las buenas que se pueden descubrir en la red. No vas a encontrar en el libro un programa exacto y detallado de los sucesos que la Biblia predice para los últimos tiempos, pero sí un recordatorio exhaustivo de los acontecimientos que nuestra generación está experimentando: la crisis económica, los desastres naturales, etc. Y, desde luego, desde una perspectiva sobrenatural, en esa visión que él recibió allá en 1973. Por cierto, en el segundo capítulo se predice una cadena de terremotos en EEUU sin precedentes, a continuación de otro seísmo en Japón. Este último ya lo hemos visto. ¿Quién sabe? Quizá Dios le estaba librando de pasar por un dolor inmenso, observando las desgracias predichas o vistas por él, a su edad.
Uno, a veces, no puede evitar preguntarse por qué Dios permite que las personas así desaparezcan de forma tan repentina. ¿Será que algunas de esas cosas son permitidas como respuesta a las propias oraciones de las víctimas? No estoy diciendo que éste sea el caso, pero me puedo imaginar a Dios escuchando el corazón de los que prefieren partir de este mundo de forma repentina y sin el largo proceso, a menudo doloroso, de una enfermedad degenerativa. Aún así, el verdugo de nuestra civilización, armado de accidentes de todo tipo y de enfermedades directamente relacionadas con un estilo de vida erróneo - estrés, adicciones, velocidad, sedentarismo, etc. - no queda impune, aunque parezca hacer solamente su trabajo, pagado por las manos ocultas en la sombra de los que manejan los hilos de nuestra mal llamada civilización; una civilización que es más un negocio lucrativo para algunos que un estilo de vida válido para la mayoría.
Sea como sea, no quería dejar pasar la ocasión para darle un tributo merecido a la persona y figura de David Wilkerson, un profeta de nuestro tiempo. Por supuesto, en el libro mencionado, él da su opinión sobre algunas cosas en las que no todos estamos de acuerdo. Yo mismo escribí mi libro Al final de los tiempos, para tratar de poner algo de orden necesario en el conjunto de las profecías relativas al tiempo del fin, tal y como la Biblia predice, y de aportar algo más de luz en los temas claves de dichas predicciones. Ya hay demasiada confusión e imaginación sin fundamento, en lo que se publica, ya sea en el cine o en los muchos libros sobre profecía en el mercado. David Wilkerson vio cómo se agolpaban esos sucesos sobre la humanidad y quiso dejar constancia. Nos conviene aprovechar su contenido y leer lo escrito, aunque solamente sea para honrar a alguien que vio el futuro y que fue lo suficientemente valiente como para dejarlo relatado en ese libro.
Es impresionante como en 1973 una persona pudo ver tantas de las cosas que están sucediendo ahora o han sucedido anteriormente. Personalmente me gusta mucho el libro "¡Corre Niky, corre!" que cuenta como David Wilkerson fue un predicador valiente que guiado por Dios se metio en los suburbios y comenzó un ministerio que sigue y seguirá después de su muerte. Al fin y al cabo es la obra que Jesús comenzó.
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