Conforme se extienden las noticias sobre la posibilidad de que estemos acercándonos al cumplimiento de lo que, siguiendo las palabras de los evangelios, llamamos El Tiempo del fin, se producen dos tipos principales de inquietudes en los oyentes. Por una parte, algunos se preguntan qué deberían hacer frente a tal posiblidad. Por ejemplo, si la venida del anticristo fuera cuestión de dos o tres años, a partir de ahora, ¿cómo podrían prepararse para tal evento?¿Deberían hacerse planes de emergencia para escapar de su sistema opresor? ¿Es cierto que querrá marcar a todo el mundo? Y en ese caso, ¿cómo nos enfrentaríamos a una crisis de ese tipo?¿Deberíamos marcarnos y entrar a formar parte de su sistema económico?¿Podríamos ser forzados contra nuestra voluntad a recibir esa marca de identificación y control?
Éstas y otras interrogantes más pueden llenar nuestros pensamientos de inquietud respecto al futuro. Por supuesto, lo mejor contra dicho desasosiego es conocer con detalle los acontecimientos finales profetizados en la Biblia. El libro de los Proverbios, capítulo 27, nos dice que el avisado ve venir el mal y se esconde, mientras que los que no hacen caso son dañados. En este sentido, la información profética es esencial. En Apocalipsis, capítulo 1, se nos considera afortunados por tener el privilegio de oír y leer las cosas escritas en el libro. Ya el profeta Daniel, 600 años antes de Cristo, en medio de las revelaciones sobre el fin, del capítulo doce de su libro, advierte que los entendidos comprenderían, mientras que los incrédulos permanecerían en la ignorancia. Solamente el estudio y la información pertinentes nos pueden sacar de ese estado. Nos podemos felicitar por la enorme cantidad de información a nuestro alcance al respecto. Paradógicamente, sin embargo, buena parte de esa información puede venir de fuentes que aumenten la inquietud, en vez de esclarecerla.
Hablemos de ello. Algunos estudiosos se lanzan a dar interpretaciones sobre ciertos personajes y acontecimientos del fin del mundo, sin más base que su propio razonamiento e imaginación, mezclada con algunas sugerencias bíblicas que pueden parecer apoyo suficiente, pero que no lo son. No hay más que oír la cantidad de personajes actuales a los que se les ha colocado ya el titulo de Anticristo. Entiendo la inquietud de algunas personas, bien intencionadas, por descubrir cuanto antes quién pueda ser un personaje de ese calibre e importancia en los últimos tiempos. Pero, desgraciadamente, acaban presentando un panorama confuso. Hemos escuchado a estos inquietos intérpretes decir que Obama es el anticristo. Otros se lo han atribuido a Bill Gates, el fundador de Microsoft. Otros más, a Benedicto XVI, el actual jefe de la Iglesia Católico-romana. Hasta el príncipe Felipe, futuro Felipe VI, de España ha sido señalado como tal posible anticristo. Y, por supuesto, la lista continúa hasta hacerse demasiado larga para darle espacio aquí.
Sinceramente, creo que esas elucubraciones son propias de la inquietud ante el futuro. Los creyentes, no obstante, debemos ser capaces de esperar hasta ver el cumplimiento, con la confianza de que estamos y estaremos en buenas manos: las de Dios. El prometió que nunca nos dejaría ni desampararía, por lo que podemos decir con confianza que el Señor es nuestro ayudador y que no temeremos a lo que nadie nos pueda hacer. Y, desde luego, debemos estudiar con más precisión las señales e indicios bíblicos, lo que nos prevendrá de hacer afirmaciones tan arbitrarias.
Si se da el caso de que nuestra relación con Dios no está bien establecida y desarrollada, porque no hayamos puesto nuestra confianza en Jesucristo, tenemos que empezar por ahí. Así, no solamente encontraremos el camino de la paz, sino la fortaleza para encarar el futuro, cualquiera que sea.
En primer lugar enhorabuena por el libro y por este blog para ampliar información e invitarnos a participar en estos temas. Me parece muy interesante el tema sobre las inquietudes proféticas ya que en internet se ve de todo, buscando la noticia fácil, la alarma y el morbo.
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