Uno de los aspectos a tener en cuenta cuando hablamos del Tiempo del fin, es el del papel restaurador de la Iglesia, en cuanto a sus mismos principios y vivencia del reino de Dios. La idea de que Elías, o su espíritu, tendrían una manifestación protagonista, de alguna forma, en este tiempo, se ve en conexión con ese papel restaurador. Jesús se refirió al profeta como el que restauraría todas las cosas. Mateo 17:11. El último párrafo del libro de Malaquías, el último también del Antiguo Testamento, lo presenta como el que volvería el corazón de los padres hacia los hijos y viceversa. Malaquías 4: 5 - 6. Ambas referencias podrían ser entendidas también como ministerios en el final de los días.
Muchos han hablado ya de la restauración de los ministerios originales de la Iglesia, incluido el profético y el apostólico. Y se restauran como ministerios necesarios en estos momentos de la historia, para devolverle a la Iglesia lo que nunca debió perder y fortalecerla en su crecimiento, o en su estirón y madurez finales, antes de la venida de Cristo. Es obvio, por otro lado, que la Iglesia perdió algunas cosas en el camino, que debió retener. Para muestra, es suficiente resaltar el papel liberador que la Primera Iglesia ejerció en cuanto a la enfermedad y la opresión satánica en las mentes y cuerpos de los seres humanos. El Nuevo Testamento está lleno de ejemplos de esto mismo. Tanto Jesús como sus discípulos entendieron que esta lucha contra las fuerzas del enemigo era esencial para manifestar el poder real del reino de Dios que predicaban.
Desgraciadamente, el mismo Satanás que causa tanta desgracia en la humanidad, se encargó también de que esos ministerios cesaran, y que la Iglesia pusiese su vista en los reinos de la tierra y en las posesiones materiales. Esto significó, sin duda, una gran pérdida que había que restaurar. Ese proceso ya comenzó hace un tiempo, gracias a Dios, pero aún hay mucho que hacer. La Iglesia necesita entender que Jesús es su sanador y la sociedad precisa de una manifestación clara y visible de ese poder.
Los ministerios profético y apostólico están en proceso de ser restaurados, es cierto, pero ¿podríamos decir lo mismo de disciplinas que quedaron en manos seculares y que parecen haber caido en el olvido de la mayor parte de la Iglesia? Me refiero a las artes, a las ciencias, al Magisterio y a muchas otras que tradicionalmente fueron impulsadas por la cristiandad, pero que hoy parecen haber cedido su terreno, como si Dios ya no quisiese glorificarse en esos campos por medio de su pueblo. También en éstos se hace necesaria una restauración. Recuperar lo que al fin y al cabo le pertenece a Dios y a los suyos, esto es, a nosotros los creyentes. Necesitamos tomar ciertas iniciativas en esas disciplinas, sin complejos, y con la vista puesta en la manifestación de la sabiduría y excelencia del Dios Creador. ¿Acaso no hemos sido llamados a eso mismo? Pero las prácticas consideradas espirituales parecen haber delimitado su territorio, dejando fuera a ciertas ciencias y artes, como si éstas hubieran perdido su capacidad de revelar a Cristo en nosotros. Es hora de que el pueblo de Dios se quite complejos y se saque de encima la idea de que estamos limitados o debemos quedarnos en solo ciertos aspectos de la vida, cuando en realidad todo es nuestro en Cristo.
Quiero animar desde aquí a toda una generación, la de hoy, que no ha recibido la visión correcta de lo que es la Iglesia y de lo que nos pertenece, para que saquemos a relucir los talentos y la sabiduría que el Espíritu de Dios ha puesto en el nuestro, y dar así a conocer su poder y plenitud.
Que vuestra luz alumbre delante de los hombres, para que al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre celestial. Mateo 5: 16
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