martes, 11 de enero de 2011

RENOVADOS, REVITALIZADOS

Dios estableció los tiempos, o su medida, para que estuvieramos conscientes de su curso. "No tenemos todo el tiempo del mundo", se dice cuando hay que hacer algo sin dilación. Con cada nuevo año, seguimos tomando conciencia de nuestro tiempo y de la importancia de aprovecharlo. Así, entramos en el 2011 con la intención de sacarle el máximo rendimiento. Ahora bien, para que esto pueda ser una realidad y éste sea un año del que podamos estar satisfechos, necesitamos entender la necesidad que todos tenemos de renovación, al menos de vez en cuando. La renovación cíclica y constante es parte de la vida cristiana. El hecho de estar en la fe de Cristo, supone una renovación. Jesús mismo fue llamado Renuevo, en al menos cuatro Escrituras del Antiguo Testamento. Sin duda Él fue el renuevo que el Israel religioso y caduco necesitaba en su tiempo. Pero también lo es para cada ser humano que se acerca a Él. Todos estamos igualmente caducos y sin vitalidad, a causa del pecado y de la ignorancia. Es cuando aceptamos la vida de Cristo en nosotros, que experimentamos un renacer, como el árbol seco que recibe una oportunidad en ese rebrote primaveral, cuando ya nadie lo esperaba. Cristo nos devolvió a la vida.

Pero la vida cristiana misma es un ciclo, como el estacional. O al menos la experimentamos así. No porque haya estaciones espirituales, sino porque el ser humano está vinculado a esta tierra y a este sistema de devenir y cambio. A veces estamos pletóricos de vitalidad y acción. Podemos decir que nuestras vidas son fructíferas y damos el máximo de rendimiento. Otras, sin embargo, parecemos estar en decadencia y en cansancio. Dejamos de producir y nos cerramos en un otoño de timidez y aires fríos. Por supuesto, eso nos conduce a un invierno emocional. Las tormentas interiores nos impulsan al recogimiento y a la mínima acción. Parece que solamente podamos aspirar a sobrevivir y poco más. Desgraciadamente, llegado a ese punto, muchos se desaniman, dando por hecho que ellos no tienen lo necesario para aspirar a una vida mejor, a un cristianismo más productivo y pleno. Demasiados creyentes se han aparcado en su invierno particular y dejado de llevar fruto para Dios.

En realidad, es cuestión de entender que de la misma manera que entramos en el invierno, podemos salir de él, si nos abrimos a una renovación primaveral. Cristo y Su Palabra, tienen la capacidad de producir en nosotros toda la vitalidad necesaria para sacarnos del invierno y de la escasez. La Biblia nos insta a buscar el rostro del Señor, sabiendo que Él es nuestra fuente de vida, calor, luz y renovación. En la carta a los Hebreos, capítulo 12, se nos dice que andemos la carrera de la vida con los ojos puestos en Jesús, autor y perfeccionador de nuestra fe. En el Salmo 34, leemos que cuando miramos al Señor, somos alumbrados, y desaparece la verguenza de nuestro rostro. El efecto de estar expuestos al Señor es revitalizador para nuestro entendimiento y para nuestros corazones.

Te animo, si estás en ese periodo invernal, a que te acerques al Señor en estos días. No te conformes a la inactividad, a la pasividad del invierno, que te dejará una sensación de inutilidad y de desamparo espiritual. Nuestro Sol está siempre activo. En Dios no hay cambio ni sombra de variación. Podemos siempre contar con Él y ser renovados en ÉL. Su santo Espíritu nos bañará de nuevo, cuando le busquemos con confianza, abiertos para recibir su presencia y vitalidad. Renuévate en Jesús, para que en este año, puedas darle más y mejores frutos. Pídele esa renovación, desde lo más profundo de tu ser. Dios te la dará, sin duda.

Los tiempos apuntan hacia un invierno duro, de frio y tinieblas, cuando muchos van a perecer, perdidos en esos temporales. Es precisamente en esos momentos de desesperación, cuando los creyentes tenemos que estar más encendidos y llenos de vitalidad que nunca. Somos la única esperanza para una generación que va hacia el peor momento de la Historia. Estamos acercándonos al fin. El venidero gobierno mundial, con todo su impulso globalizador, acabará imponiendo un sistema de control total y absoluto, en detrimento de la libertad. Buscar a Dios y confiar en Él será declarado antisocial e ilegal. Las medidas extremas utilizadas por un sistema anticristo, forzará a los hombres a adorar a su Lider o a escapar. No podremos permanecer ni tímidos ni temerosos. Ahora es el momento de renovarnos en Cristo y en nuestras convicciones, de llenarnos de su fuerza y entrar en un compromiso de permanencia en la Palabra de Dios. Solo así, podremos ser la luz del mundo en medio de aquella oscuridad. Este es un desafío que no podemos eludir. Tómalo para este año 2011. Estamos más cerca de ese gobieno mundial y de ese anticristo de lo que nos imaginamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario