viernes, 21 de enero de 2011

LA IMPORTANCIA DE LOS DETALLES

La inmensa mayoría hemos vivido lo suficiente como para darnos cuenta de que el bienestar que buscamos, incluido ese sentimiento de felicidad que tanto nos importa, no depende de los grandes movimientos políticos o los vaivenes de las macro cifras económicas; al menos no tanto como depende de las cosas que manejamos cada día, las relaciones cotidianas y los pequeños logros o fracasos que vamos experimentando. De ahí el tremendo valor de los detalles. Las mujeres nos lo vienen señalando de continuo. Valoran, sin duda, las mejoras del hogar, los aumentos de sueldo o las promociones profesionales; pero para ellas, nada de eso, ni por supuesto de lo que ocurra a niveles más altos de la sociedad o de la economía, puede sustituir el detalle de una palabra de cariño, de una frase, por corta que sea, de valoración de lo realizado, por pequeño que sea. Y lo mismo podríamos decir de los otros detalles: unas flores, una cena a solas, unos bombones; etc. Es así como nos damos cuenta de que la felicidad no se logra tanto con grandes movimientos o cambios, como con los detalles de amor, de apreciación sincera y de valoración personal.

Por eso, la vida cristiana basada solamente en el logro de las grandes conquistas, en cifras estadísticas que revelan que estamos avanzando en la consecución de nuestros objetivos, no es tan satisfactoria como la que tiene en cuenta el pequeño y cotidiano detalle del amor. Es ese tiempo, aunque sea corto, pero siempre que sea de calidad, que pasamos en intimidad con el Señor. O los minutos que disfrutamos de meditación en Su Palabra. Es ese gesto generoso de dar al necesitado, de sonreír al agobiado, de ponerse al lado del que sufre, de guiar un alma a Cristo, de orar por un enfermo, etc. el que llena el alma de satisfacción y nos hace sentir que la felicidad está a nuestro alcance. Por supuesto, esto no debería privarnos de aspirar a las grandes metas, la de llevar el evangelio a las naciones, la de conquistar los medios e influir en la política de un estado. Lo que no sería conveniente es sacrificar los detalles por la consecución de esos macro objetivos, no sea que que el evangelio que le llevemos quede en una filosofía más, repleta de grandes teorías pero carente de sustancia, por no ofrecerles modelos cotidianos de cómo vivirlo.

En otro campo, los detalles son igualmente importantes. Me refiero al de la revelación. Jesús no solamente enseñó grandes principios generales de cómo funciona el reino de Dios. Fue específico, metiéndose en los detalles. Las parábolas están llena de esas aparentes minucias, que revelan que nuestro Dios es tan personal como para tener el detalle de contar todos nuestros cabellos. Así de cerca nos ve y así de interesado está en nuestra situación. Por su parte, el apóstol Pablo, al hablar de la vida cristiana, no solamente expuso los grandes temas de la fe y de la gracia, de nuestra herencia en Cristo y de la gran esperanza a la que tenemos que agarrarnos en este mundo; también detalló lo que significaba amar, ser sinceros y andar en la luz. Sin los detalles, las grandes mansiones se vuelven neveras y las Iglesias congeladores. Por eso, si quieres comprobar si el Espíritu Santo nos ha visitado con su fuego; o mejor aún, si quieres saber si el calor del Espíritu aún pervive en los cristianos, tienes que fijarte en los detalles.

Te invito a hacer lo mismo respecto a la profecía. Dios nos ha dado multitud de detalles en el tema de la revelación del futuro. Si no los tenemos en cuenta, nos podemos estraviar en las grandes ideas y doctrinas acerca del tiempo del fin, de la figura del Anticristo, del arrebatamiento, de la venida de Cristo, del Milenio, etc, etc. Tenemos que prestar más atención. Por poner un ejemplo, hay en los libros proféticos alrededor de sesenta descripciones de la persona, carácter y obra del Anticristo. Si no les prestamos atención, acabaremos inventándonos el nuestro propio. No es de extrañar que haya tanta confusión con respecto a los personajes y acontecimientos del futuro. Debemos ser algo más detallistas en nuestros estudios, aunque nos lleven más tiempo y requieran más esfuerzo por nuestra parte. Mi libro Al final de los Tiempos es un intento por llamar la atención a esos detalles e invitar, de paso, al creyente y al curioso a involucrarse lo suficiente en la profecía como para estudiarlos.

Mucha gente en los días de Jesús, se perdió el disfrutar de tener tan cerca al Mesías anunciado, por estar ignorantes de los detalles proféticos sobre su persona y ministerio. Él se encargó de revelárselos a los discípulos, con el fin de que apreciaran lo que tenían en Él y aprovecharan al máximo la inmensa oportunidad que estaban recibiendo. Que no nos pase a nosotros hoy, que por ignorancia no sepamos en qué momento de la Historia estamos o qué deberíamos esperar. Busquemos el detalle y dejemos que nuestro detallista Dios nos alumbre con la verdad. Quizá esa pequeña parte de la verdad a la que no habías prestado atención, sea la clave para que experimentes una liberación mayor, una felicidad más completa y profunda, una victoria total sobre tus dificultades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario