Los movimientos políticos a lo largo y ancho de la geografía, así como los avances de la ciencia, los altibajos de la economía mundial, el incremento incesante de la delincuencia y la violencia, entre otras facetas de nuestra sociedad actual, avanzan rápidamente hacia la definición de un perfil histórico: el cumplimiento de las profecías bíblicas sobre el fin de una era. Salta a la vista, cada vez más, la necesidad de un gobierno mundial, de un control más eficaz de la información y de los vaivenes económicos, de una moneda única, o mejor dicho, de un mundo sin dinero; ese que siempre es susceptible de manipulación, de evasión a paraísos fiscales, de pérdida en manos de especuladores avaros y sin escrúpulos, de ladrones de guante blanco y alma ennegrecida por la codicia.
Si quieres saber a donde desemboca todo este proceso histórico en el que estamos inmersos en esta época, tiene que leer el Apocalipsis y las profecías de buena parte del Nuevo y del Antiguo Testamento. A consecuencia de todos esos síntomas de nuestro tiempo, el mundo se va mutando en un reality show. Las cámaras siguen conquistando calles y carreteras, mercados y edificios públicos, entradas de hogares y centros de espectáculos. De hecho, cada ciudadano es portador hoy de una cámara insertada en su móvil, desde la que puede captar la imagen de cualquiera sin que lo notemos. La vigilancia avanza imparable hacia la saturación de nuestras ciudades y vías de comunicación. Los numerati, esos espías de los movimientos en internet y de las llamadas desde nuestro móvil, nos siguen clasificando en grupos de consumo. Los satélites que rodean el planeta desde las zonas más altas de la atmósfera, nos vigilan sin tregua, desnudan nuestra intimidad y revelan los detalles más insólitos de nuestros edificios, jardines y prácticamente de todo lo que se levanta sobre la superficie de la Tierra o cruza los océanos.
Por su parte, los que mueven los hilos de la economía, siguen fraguando un mundo inseguro y caótico, el que les conviene para agarrar la sartén por el mango con la suficiente fuerza como para darle la vuelta a la tortilla. En efecto, esa vuelta a la situación es necesaria para llegar al control absoluto, no solo de la economía sino del propio ser humano. Más pronto que tarde, veremos a los gobiernos respaldar la idea de sustituir el dinero por datos de control de producción. Datos estos insertados en un microship, que a su vez es implantado dentro del cuerpo. Apocalipsis 13 revela clarísimamente que será en la mano derecha o en la frente. Lugares más fáciles de manejar y de controlar desde un lector digital de implantes informatizados. ¿Suena a futurismo? Pues mucho de lo que hoy manejamos en nuestro puesto de trabajo o en nuestras casas, era hasta hace muy poco material de ciencia ficción.
Los creyentes tenemos que tomar ciertas decisiones, si es que vamos a sobrevivir en un mundo de control absolutista, no solo de la economía personal, sino del mismo alma del ser humano. De acuerdo a Apocalipsis y a las predicciones del profeta Daniel, se prohibirá todo tipo de creencia espiritual, se cambiarán las fechas del calendario y las leyes, en un intento de capturar las mentes y dominarlas; se impondrá un gobierno mundial centralizado; se acaparará todo el poder en un solo sistema y en la figura de un hombre: el Anticristo. Bajo su mandato, las persecuciones serán feroces, contra todo aquel que le desafíe rehusando someterse a su control. El planeta será barrido por guerras, plagas y catástrofes. El terror y la angustia serán el pan de cada día. No ha habido un tiempo como ese en la historia, ni lo volverá a haber, según las palabras del profeta Daniel y del mismo Jesús. Será tan terrible, que muchos cristianos rehusan creer que Dios les permita estar en la Tierra en un tiempo así. Pero Apocalipsis habla de cristianos en medio de esa situación. Pero también habla de victoria y superación. Así como de la intervención divina contra aquel malvado sistema hasta su total exterminio.
No falta tanto para que lleguemos a ese reality show global y real como la vida misma. Y es bueno saberlo, o Dios no lo hubiera revelado a través de sus profetas. Está escrito y, como Jesucristo dijo: La Escritura no puede ser quebrantada. Otra cosa es si estamos mentalizados y si nos estamos preparando para ese día. Dios es fiel y nos sigue advirtiendo. Como en este artículo de un servidor, que como una minúscula voz en el desierto, proclama una vez más lo que está destinado a suceder. Te aseguro que yo me estoy preparando, al menos en mentalización y estado emocional, que no es poco. Hago mi vida consciente de que puede ser que pronto ya no la pueda continuar de la misma manera. Y mientras espero, procuro dar lo máximo de mí, para que otros puedan estar advertidos y prepararse también. Y que alguien que quizá como tú, no se lo había planteado jamás, se pare lo suficiente como para considerar las señales de que ese mundo se acerca; y quizá logre que no sea demasiado tarde para él o para ella.
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