El mes pasado hablábamos de los acontecimientos que nos sorprenden con una destrucción que no esperábamos o con cambios que se precipitaron sobre nuestra vida o nuestro entorno. El terremoto, con tsunami incluido, en Japón ha venido a confirmar esta realidad. La Escritura, como dijo Jesús de Nazaret, no puede ser quebrantada. En el capítulo siete del evangelio de San Mateo, el mismo Jesús advierte que los que no pongan en práctica sus palabras, serán como aquellos que edificaron su casa sobre arena, que no aguantarán los golpes de la tormenta cuando venga. La fuerza de la naturaleza, cuando arremete con sacudidas como los terremotos que estamos observando estos años, solamente pueden ser neutralizadas con un fundamento a prueba de todo.
Dios está tratando de darnos ese fundamento sólido e invencible, para que cuando las tormentas y los temblores de la vida sacudan nuestro terreno, podamos estar firmes y superarlos. Es tiempo de revisar nuestros cimientos y ver sobre qué estamos edificando. Nuestra confianza debe estar fundada en Cristo. A menos que aprendamos a apoyarnos en Dios y a confiar plenamente en Él, estamos expuestos a ser derribados y destruidos por las fuerzas que se desatan en nuestra contra. Las naciones están siendo hoy sacudidas por levantamientos masivos de gentes que buscan un cambio. Los gobiernos son removidos por el impacto de esos tsunamis sociales. Vivimos en tiempos de convulsión, no solo geológica, sino económica, social y política. Estoy convencido, por la profecía, de que se aproximan grandes cambios a la humanidad, tan sorprendentes como los que estamos viviendo en estos días, al observar las revueltas en Oriente Medio y el norte de Africa, o los terremotos como el de Haití, Chile o Japón.
La gran pregunta es: ¿Estamos preparados para estos movimientos venideros? ¿Estamos firmes en nuestra fe para que, suceda lo que suceda, podamos sobreponernos y superar el impacto? En el capítulo 21 del evangelio de San Lucas, Jesús anuncia para los días antes de su regreso a la tierra: Las naciones serán presa de confusión y terror, por el bramido del mar y el ímpetu de las olas. Todos los habitantes del mundo desfallecerán de miedo y de ansiedad por las cosas que se les viene encima, porque incluso los cielos serán conmovidos. El libro del Apocalipsis, por otra parte, nos advierte del impacto que el sistema del Anticristo tendrá sobre los pueblos. Impondrá una marca en la mano derecha y en la frente, para que ninguno pueda comprar ni vender sin ésta. Y será declarado antisocial y peligroso, con condena de persecución y muerte, todo aquel que se negare a su implantación. Jesús llamó a esos días, tiempo de angustia y de tribulación, como nunca antes ha podido sufrir la humanidad. San Mateo 24.
Creo firmemente que Dios nos está llamando a una revisión de los fundamentos de nuestra vida. Es tiempo de que nos pongamos en paz con Él y de que prestemos mucha más atención a sus palabras. Un terremoto de la magnitud como el que ha golpeado Japón, hubiera arrasado al país, sin dejar edificio alguno en pie, provocando millones de víctimas. No ha sido así, porque se tomaron medidas y los edificios han sido diseñados a prueba de movimientos sísmicos. La prevención y la preparación adecuada han salvado a un país de una destrucción completa. Solamente la palabra de Dios puede darnos ese fundamento necesario para encarar la dificultad y los golpes de la vida. El tiempo de prepararse es ahora. Busquemos a Dios más intensamente. Atendamos a su palabra, para creerla y vivirla. Preparémosnos para los cambios que el futuro cercano nos depara. El tiempo no corre en vano. No desaprovechemos la oportunidad que Dios nos está dando hoy.
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