martes, 9 de agosto de 2011

TIEMPO DE LIMPIEZA PROFUNDA



Daniel 11: 35
Algunos de los sabios caerán - en el tiempo del fin - para ser depurados y purificados y emblanquecidos, hasta que llegue el momento, porque hay un plazo establecido para ello.
Daniel 12: 10
(En aquel tiempo) muchos seran purificados y emblanquecidos. Los malvados continuarán con sus maldades y ninguno de los incrédulos entenderá, pero los ententidos comprenderán.



Si queremos de verdad marcar una diferencia en esta sociedad en la que vivimos, si deseamos alcanzar grandes triunfos de realización, y disfrutar de esa profunda satisfación que da el saber que estás haciendo exactamente lo que debes hacer, y que es lo mejor de todas las posibles decisiones que hubieras podido tomar, debemos entonces dar el paso de entregar nuestra voluntad a Dios. Todos tenemos sueños y aspiraciones, o las tuvimos en algún momento de nuestra vida; tenemos además preocupaciones y responsabilidades que atender. Seguramente no llenan nuestro corazón, pero ocupan nuestro tiempo. Este mundo está lleno de gente así. Encontramos a nuestro alrededor grandes luchadores que aprovechan sus habilidades y su suerte para triunfar. Pero el mayor de los éxitos no puede sustituir la plenitud de nuestra entrega a Dios.
El evangelio nos cuenta de un joven rico que fué a Jesús para averiguar qué debía hacer para alcanzar esa plenitud divina. Jesús le habló, primeramente, de obedecer las leyes que Dios había dado a Moisés. Pero él ya las cumplía desde su infancia y, obviamente, no era suficiente. Así que Jesús le pudo revelar el secreto de la plenitud que buscaba: Si quieres ser perfecto -le dijo-, dónales tus posesiones a los pobres y sígueme. Esa maravillosa noticia que ya había transformado la vida de los apóstoles, puso triste al joven, porque tenía muchas riquezas y no se quería desprender de ellas. Amaba a Dios pero confiaba en sus pertenencias y en su dinero. ¿Ves? No es suficiente con que los creyentes amemos a Dios con todo nuestro corazón. Eso está bien y es necesario para que le busquemos y le obedezcamos por los motivos correctos, pero hay un paso más hacia la plenitud de vida: Tenemos que confiar totalmente en Él.
La sociedad ha visto ya a muchos que acuden a las iglesias los domingos u otros días, a personas que se confiesan cristianos y publican su compromiso, lo cual es necesario para que los corazones puedan recibir un testimonio de primera mano, pero la mayor necesidad es la de creyentes llenos de fe y confianza en su Señor, que han experimentado la libertad maravillosa de la sola dependencia de Dios. En hostelería se dice que no hay mejor publicidad que la de un cliente satisfecho. Lo mismo se puede decir del reino de Dios. Por eso, estoy convencido de que conforme el mundo empeora y nos acerquemos a la venida o regreso de Cristo, Dios va a llamar a la Iglesia a dar pasos de mayor dependencia de Él. Las posesiones se vuelven nuestras enemigas si confiamos en ellas en vez de en Dios. Por el contrario, podemos dejarlas atrás, si es necesario, sabiendo que Dios está con nosotros y eso es suficiente, porque Él proveerá.
Como el profeta Daniel anunciara en los capítulos once y doce de su libro, muchos tendrán que ser purificados, limpios y emblanquecidos, para que nada sustituya a Dios en sus corazones, antes de que Jesús venga a rescatarnos para darnos la plenitud de plenitudes. Desgraciadamente, doctrinas como la de la prosperidad han dado pie a que los corazones se llenen de codicia por lo material, como si de ello procediera lo perfecto. Dios cuida de nosotros, pero nosotros debemos cuidar nuestro corazón, para que nada lo ocupe ni se ponga como un ídolo, en lugar de Dios. Creo que Dios va a llamarnos más a una vida de desprendimiento y servicio, en la que las prioridades queden firmemente establecidas y nuestra confianza en Dios sea plena. La sociedad de la opulencia y la codicia necesitan ese testimonio.

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