Ahora que medio mundo está sumido en una inmensa crisis económica -el otro medio ya lo estaba antes-, de la que nadie sabe cómo salir realmente, es cuando podemos ver con mayor claridad el calibre de nuestros dirigentes políticos. No me refiero solamente a los españoles, sino al conjunto. La enorme falta de sabiduría de éstos y la ceguera de querer deslumbrar a sus respectivos votantes con los niveles de desarrollo a los que, pretendidamente, eran capaces de llegar, ha llevado al mundo al borde del colapso. Es casi inimaginable cómo se han podido endeudar, sin excepción, hasta el punto de entrar en bancarrota práctica. Una enorme pifia y una profunda revelación del carácter voluble y de la falta total de integridad en los dirigentes.
La Biblia nos enseña a guardar en tiempos de abundancia para los de escasez y necesidad. Pero estos gobernantes han caído, en masa, en lo que el apóstol Pablo denominaba el engaño de las riquezas. Este engaño, por cierto, consiste en creer -¡mira si podemos ser pardillos!-, que tenemos la capacidad de convertir este mundo en un paraíso permanente. Que las cosas pueden quedarse establecidas y aseguradas perpetuamente para que no fracasen. Así, con esta mentalidad, cuanto más dinero les entraba, más aceptaban como real el espejismo de ver el horizonte del futuro como ese paraíso soñado. Gastar sin control hasta conseguirlo parecía lo normal, sin importar las consecuencias, o, mejor dicho, sin considerar el posible fracaso de un gasto indefinido. Y aquí viene otro de los problemas: la ingenuidad de no haberse dado cuenta aún de en qué mundo vivimos, por una parte, o la sinvergonzonería, por otra, de saberlo y querer aprovecharse del cargo mientras dure. Ninguna de esas posturas debería jamás ocupar la mente de nuestros líderes políticos.
Algunos de esos políticos son, supuestamente, de tendencia o inspiración cristianas. Seguramente de los que piensan que el reino de Dios literal ya está aquí, que estamos en el Milenio prometido en las Escrituras. Y que ahora le corresponde a la Iglesia tomar los reinos de este mundo. La Católica tiene ya una larga experiencia en ese tipo de pensamiento. No ha cesado de ejercer sus mecanismos de control e influencia para posicionarse entre las naciones como cabeza. Su líder tiene rango de jefe de estado y los demás dirigentes se inclinan ante él. Para éstos cabecillas religiosos la segunda venida de Cristo será la cima de su escalada de poder. Simplemente vendrá a recoger el cetro que ya ellos habrán obtenido.
Aquellos políticos desprendidos y presuntamente cristianos, deberían saber que el mundo entero -de acuerdo con la Palabra de Dios-, está bajo el maligno, es decir, Satanás. Como éste le decía a Jesús en el desierto, todos los reinos del mundo le han sido entregados y él se los da a quien quiere. Eso significa: a los que estén dispuestos a adorarle y ser sus colaboradores, que es lo que Satanás pretendía que Jesús hiciese. Si los líderes bienintencionados pasan esto por alto, se van a topar, tarde o temprano, con una terrible decepción. Hay demasiada gente dispuesta a venderle su alma al diablo a cambio de saborear las mieles del poder y asegurarse una estancia en la Tierra de lo más próspera. Por ello, otros políticos están descaradamente del lado oscuro. Son estrechos colaboradores del egoísmo que impera. Buscan los votos del pueblo sin reparo alguno, mintiendo sin el más mínimo rubor. Se aprovecharán de cada oportunidad de enriquecerse, porque su único objetivo y motivación verdaderos son ellos mismos, su supervivencia y su posición. Jamás entenderán estos que el que quiera salvar su vida la perderá y que el que la pierda por causa del evangelio, la salvará. La ceguera a la que Satanás les tiene sometidos, por causa de ese egocentrismo recalcitrante, no les permite valorar lo que no sea dinero y poder adquisitivo. Y lo realmente trágico, es que el mundo está en sus manos. No nos debemos extrañar, pues, que vayamos tan mal y a peor.
No pretendo decir que todos y cada uno de los que se mueven en la política sean tan nefastos ni tan malintencionados. Lo que sí digo es que una vez que te acerques al poder, vengas de donde vengas, vas a tener que enfrentarte a la tentación del enemigo de nuestra alma y de nuestro bienestar, quien querrá comprarte a cambio de una parcela de poder en este mundo. Al parecer no es difícil sucumbir a la tentación. Se requiere una integridad a prueba de bombas para mantenerse firmes y fieles a los principios del evangelio. Las iglesias tradicionales y apegadas a los poderes temporales por tanto tiempo saben de que estoy hablando. Han fracasado muchas veces cambiando la Palabra de Dios por influencia y anulando todo papel profético en medio de nuestra sociedad. Como resultado, muchos de ellos ya ni creen en la Biblia como autoridad o revelación suprema. Estarían demasiado avergonzados si lo creyesen. Prefieren relegarla a un conjunto de normativas bastante antiguas, a las que se les puede añadir o quitar según convenga.
Así, con tanta transgresión de por medio, este mundo se está preparando para recibir al máximo líder del engaño, que será Satanás en la figura del Anticristo. Ya el profeta Daniel había visto que cuando los transgresores llegaran al colmo, se levantaría un rey altivo y entendido en secretos, refiriéndose al mismo Anticristo. Por supuesto, este querrá aniquilar a quienes se le opongan. No dudes que la Iglesia será puesta a prueba en ese tiempo, quizá no tan lejano. Antes de darnos la máxima autoridad al lado de Su Hijo, Dios revelará a través de las pruebas, quienes son suficientemente íntegros para participar de una posición tan elevada. La experiencia de Satanás, quien había estado junto a Su trono, pero no que pudo resistirse a la tentación de poder, aun oponiéndose al mismo Dios -de ahí le viene el nombre, ya que Satanás significa "el que se opone"-, es ya suficientemente triste y trágica como para seguir repitiéndola. Dios probará a los suyos. De hecho nos está probando a través de nuestras circunstancias y dificultades. Solamente aquellos que están determinados a confiar en Él plenamente, negándose a sí mismos, pasarán con éxito. El banco de los fracasados está lleno y no solo de políticos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario