viernes, 15 de junio de 2012

LA QUE SE NOS VIENE ENCIMA


Permitidme ponerme a pensar y hacer un análisis de la situación socio-económica a la que estos que mandan nos han llevado a la mayoría de los mortales, en estas latitudes que llamamos la civilización occidental. Digo a la occidental porque es la que nos toca más de cerca. Los del sur ya hace tiempo que los tienen afixiados. A los orientales los están occidentalizando, al menos lo suficiente como para que entren en la misma cesta del Gobierno Mundial cada vez menos futuro. 
La cosa es que ahora toca preparar a esta sociedad para que trague lo que de otra manera resultaría inadmisible. Me refiero al control total y absoluto del poder económico. Hasta ahora, la historia de la humanidad ha ido paralela a la del dinero. Quien controlaba la riqueza, manejaba la economía y su representante, don Dinero. En realidad este ha sido el amo y el dios de las civilizaciones. Todos le han servido y le siguen sirviendo. Sus grandes templos, tal y como se aprecian en las mayores ciudades -y no hay ninguna que no haya levantado grandes edificios al dios Mamón, que es como la Biblia llama a ese ídolo-, atraen por miles a ciudadanos de toda clase y nivel, llamados a traficar con la sangre en forma de papel verde -o cualquier otro color-, resultado del esfuerzo de los mismos de siempre. Por eso, si falta liquidez, que es otra forma de llamar a esa sangre, los bancos ponen el grito en el cielo, cierran el grifo -del que por cierto han estado mamando grandes biberones en forma de sueldos astronómicos- y dejan al ciudadano sin fuerzas ni esperanzas. Los gobiernos que le sirven a Mamón, buscan sangre de donde sea; con la condición, claro está, de que los ciudadanos de a pie la repongan cuanto antes a través de donaciones vía impuestos de todo tipo, forma y color, para que nadie se escape.

Pero el dinero tiene los días contados. Toda la crisis de la liquidez monetaria solamente tiene un sentido: revelar la flaqueza del papel moneda y la urgencia de un sistema mejor. Ese es el que nos quieren vender. O mejor dicho, el que ya tienen en mente imponer. Se trata de una economía globalizada, y digitalizada, sin dinero de por medio. Un mundo tan controlado por los poderes supremos, que nadie pueda escapar de su ojoquetodolove. ¿Es posible? Sin duda. Es más: ya lo tienen preparado. Es por eso que las grandes empresas de microchips están produciendo millones de piezas. Su destino está bajo la piel de los seres humanos, que serán menos humanos y más robóticos después de esa implantación. Pero que será presentada como la salvación de la economía y de toda alma viviente, quienes solamente tendrán que entregar su piel -y a través de ella, sus nervios y su cerebro- en el altar del Nuevo Orden Mundial, encabezado por el Superhombre y potenciado por el mismísimo infierno. Tiempo al tiempo.

La cuestión es que este mundo se pone cada vez más intransitable y contaminado. Los políticos han caído en la trampa de la corrupción monetaria y se venden al mejor postor, como siempre ha ocurrido. Aunque ahora  a lo bestia. Los de arriba, esos que son los amos y señores del dinero, ya no se conforman con eso. Ahora quieren controlar a cada persona. Quieren demostrar quién manda y acabarán exigiendo adoración total e incuestionable. Mira, si no, Apocalipsis 13. Por todo ello, y mucho más que no nos da tiempo a relatar aquí, a los cristianos nos debería costar menos aceptar que no somos de este mundo, y que no deberíamos amarlo ni a sus cosas, que no podemos servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo, porque la experiencia nos demuestra que acabamos despreciando a Dios en beneficio de nuestra economía, incurriendo en la mismísima idolatría en la que están los gobernantes y sus ciudadanos. Ya es hora de que tomemos conciencia de nuestra identidad espiritual, que demos pasos de un mayor compromiso con nuestra fe y denunciemos la maldad y el destino final de los que la siguen. Hemos sido llamados a ser testigos del último imperio del hombre, de su decadencia y destrucción. Sería mejor que saliéramos de debajo de sus templos, antes de que éstos se derrumben y nos destruyan bajo sus columnas. Saquemos nuestros corazones del materialismo y preparémonos para un terremoto global de la economía. Después vendrán otros...como está escrito. Comencemos a orar con mayor intensidad para que Jesús regrese, tal y como prometió. Y mientras le esperamos, purifiquémonos así como sabemos que él es puro.1ª Juan 3:1-3, 1ª Juan 2:28, Apocalipsis 22: 12-17.

¿Estás preparado para lo que se nos viene encima?

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